2 Reyes 20:1-21 NVI
[1] Por aquellos días Ezequías se enfermó gravemente y estuvo a punto de morir. El profeta Isaías, hijo de Amoz, fue a verlo y le dijo: «Así dice el SEÑOR: “Pon tu casa en orden, porque vas a morir; no te recuperarás”». [2] Ezequías volvió el rostro hacia la pared y le rogó al SEÑOR: [3] «Recuerda, SEÑOR, que yo me he conducido delante de ti con lealtad e integridad y he hecho lo que te agrada». Y Ezequías lloró amargamente. [4] No había salido Isaías del patio central cuando le vino la palabra del SEÑOR: [5] «Regresa y dile a Ezequías, gobernante de mi pueblo, que así dice el SEÑOR, Dios de su antepasado David: “He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte y, en tres días, podrás subir al templo del SEÑOR. [6] Voy a darte quince años más de vida. Y a ti y a esta ciudad los libraré de caer en manos del rey de Asiria. Yo defenderé esta ciudad por mi causa y por consideración a David mi siervo”». [7] Entonces Isaías dijo: «Preparen una pasta de higos». Así lo hicieron; luego se la aplicaron al rey en la llaga y se recuperó. [8] Ezequías le había preguntado al profeta: ―¿Qué señal recibiré de que el SEÑOR me sanará y de que en tres días podré subir a su templo? [9] Isaías le contestó: ―Esta es la señal que te dará el SEÑOR para confirmar lo que te ha prometido: ¿quieres que la sombra avance diez peldaños o que retroceda diez? [10] ―Es fácil que la sombra se extienda diez peldaños —respondió Ezequías—, pero no que vuelva atrás. [11] Entonces el profeta Isaías invocó al SEÑOR, y el SEÑOR hizo que la sombra retrocediera diez peldaños en la escalinata de Acaz. [12] En aquel tiempo Merodac Baladán, hijo de Baladán y rey de Babilonia, le envió cartas y un regalo a Ezequías, porque supo que había estado enfermo. [13] Ezequías se alegró al recibir esto y les mostró a los mensajeros todos sus tesoros: la plata, el oro, las especias, el aceite fino, su arsenal y todo lo que había en ellos. No hubo nada en su palacio ni en todo su reino que Ezequías no les mostrara. [14] Entonces el profeta Isaías fue a ver al rey Ezequías y le preguntó: ―¿Qué dijeron esos hombres? ¿De dónde vinieron? ―Vinieron de Babilonia, un país lejano —respondió Ezequías. [15] ―¿Y qué vieron en tu palacio? —preguntó el profeta. ―Vieron todo lo que hay en él —contestó Ezequías—. No hay nada en mis tesoros que yo no les haya mostrado. [16] Entonces Isaías le dijo: ―Oye la palabra del SEÑOR: [17] sin duda vendrán días en que todo lo que hay en tu palacio, y todo lo que tus antepasados atesoraron hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia. No quedará nada —dice el SEÑOR—. [18] Y algunos de tus hijos, tus descendientes, serán llevados para servir como eunucos en el palacio del rey de Babilonia. [19] ―El mensaje del SEÑOR que tú me has traído es bueno —respondió Ezequías. Y es que pensaba: «Al menos, mientras yo viva, sin duda que habrá paz y seguridad». [20] Los demás acontecimientos del reinado de Ezequías, todo su poderío y cómo construyó el estanque y el acueducto que llevaba agua a la ciudad, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá. [21] Ezequías murió, y su hijo Manasés lo sucedió en el trono.
