[1] Los filisteos fueron a la guerra contra Israel, y los israelitas huyeron ante ellos. Muchos cayeron muertos en el monte Guilboa. [2] Entonces los filisteos se fueron en persecución de Saúl y lograron matar a sus hijos Jonatán, Abinadab y Malquisúa. [3] La batalla se intensificó contra Saúl, y los arqueros lo alcanzaron con sus flechas. Al verse gravemente herido, [4] Saúl le dijo a su escudero: «Saca la espada y mátame, no sea que esos incircuncisos me atraviesen cuando lleguen y se burlen de mí». Pero el escudero estaba tan asustado que no quiso hacerlo, de modo que Saúl mismo tomó su espada y se dejó caer sobre ella. [5] Cuando el escudero vio que Saúl caía muerto, también él se arrojó sobre su propia espada y murió con él. [6] Así, en un mismo día murieron Saúl, sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres. [7] Cuando los israelitas que vivían al otro lado del valle y del Jordán vieron que el ejército de Israel había huido y que Saúl y sus hijos habían muerto, también ellos abandonaron sus ciudades y se dieron a la fuga. Así fue como los filisteos las ocuparon. [8] Al otro día, cuando los filisteos llegaron para despojar a los cadáveres, encontraron muertos a Saúl y a sus tres hijos en el monte Guilboa. [9] Entonces lo decapitaron, le quitaron las armas y enviaron mensajeros por todo el país filisteo para que proclamaran la noticia en el templo de sus ídolos y ante todo el pueblo. [10] Después colocaron sus armas en el templo de la diosa Astarté, y su cadáver lo colgaron en el muro de Betseán. [11] Cuando los habitantes de Jabés de Galaad se enteraron de lo que habían hecho los filisteos con Saúl, [12] los más valientes de ellos caminaron toda la noche hacia Betseán, tomaron los cuerpos de Saúl y de sus hijos y, luego de bajarlos del muro, regresaron a Jabés. Allí los incineraron [13] y luego tomaron los huesos y los enterraron a la sombra del tamarisco de Jabés. Después de eso guardaron siete días de ayuno.