1 Samuel 24:1-22 NVI
[1] Cuando Saúl regresó de perseguir a los filisteos, le informaron que David estaba en el desierto de Engadi. [2] Entonces Saúl tomó consigo tres mil hombres escogidos de todo Israel y se fue por los Peñascos de las Cabras, en busca de David y de sus hombres. [3] Por el camino, llegó a un corral de ovejas; y, como había una cueva en el lugar, entró allí para hacer sus necesidades. David estaba escondido en el fondo de la cueva con sus hombres [4] y estos le dijeron: ―En verdad, hoy se cumple la promesa que te hizo el SEÑOR cuando te dijo: “Yo pondré a tu enemigo en tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca”. David se levantó sin hacer ruido y cortó el borde del manto de Saúl. [5] Pero le remordió la conciencia por lo que había hecho [6] y les dijo a sus hombres: ―¡Que el SEÑOR me libre de hacerle al rey lo que ustedes sugieren! No puedo alzar la mano contra él, porque es el ungido del SEÑOR. [7] De este modo David contuvo a sus hombres y no les permitió que atacaran a Saúl. Pero una vez que este abandonó la cueva para proseguir su camino, [8] David salió de allí y gritó: ―¡Majestad, señor mío! Saúl miró hacia atrás y David, postrándose rostro en tierra, se inclinó [9] y le dijo: ―¿Por qué hace caso usted a los que dicen que yo quiero hacerle daño? [10] Usted podrá ver con sus propios ojos que hoy mismo, en esta cueva, el SEÑOR lo había entregado en mis manos. Mis hombres me incitaban a que lo matara, pero yo respeté su vida y dije: “No puedo alzar la mano contra el rey, porque es el ungido del SEÑOR”. [11] Padre mío, mire usted el borde de su manto que tengo en la mano. Yo corté este pedazo, pero a usted no lo maté. Reconozca que yo no intento hacerle mal ni traicionarlo. Usted, sin embargo, me persigue para quitarme la vida, aunque yo no le he hecho ningún agravio. [12] ¡Que el SEÑOR juzgue entre nosotros dos! ¡Y que el SEÑOR me vengue de usted! Pero mi mano no se alzará contra usted. [13] Como dice el antiguo refrán: “De los malos, la maldad”; por eso mi mano jamás se alzará contra usted. [14] »¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigue? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga! [15] ¡Que sea el SEÑOR quien juzgue y dicte la sentencia entre nosotros dos! ¡Que examine mi causa, y me defienda y me libre de usted!». [16] Cuando David terminó de hablar, Saúl le dijo: ―David, hijo mío, ¡pero si eres tú quien me habla! Y, alzando la voz, se echó a llorar. [17] ―Has actuado mejor que yo —continuó Saúl—. Me has devuelto bien por mal. [18] Hoy me has hecho reconocer lo bien que me has tratado, pues el SEÑOR me entregó en tus manos y no me mataste. [19] ¿Quién encuentra a su enemigo y le perdona la vida? ¡Que el SEÑOR te recompense por lo bien que me has tratado hoy! [20] Ahora caigo en la cuenta de que tú serás el rey y de que consolidarás el reino de Israel. [21] Júrame entonces, por el SEÑOR, que no exterminarás mi descendencia ni borrarás el nombre de mi familia. [22] David se lo juró. Luego Saúl volvió a su palacio, mientras David y sus hombres subieron al refugio.
