1 Samuel 17:1-58 NVI
[1] Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, concentrando sus fuerzas en Soco, pueblo de Judá. Acamparon en Efesdamín, situado entre Soco y Azeca. [2] Por su parte, Saúl y los israelitas se reunieron también y, acampando en el valle de Elá, ordenaron sus filas para la batalla contra los filisteos. [3] Con el valle de por medio, los filisteos y los israelitas tomaron posiciones en montes opuestos. [4] Un famoso guerrero, oriundo de Gat, salió del campamento filisteo. Su nombre era Goliat, y tenía una estatura de seis codos y un palmo. [5] Llevaba en la cabeza un casco de bronce y su coraza, que pesaba cinco mil siclos, y que también era de bronce, [6] como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro. [7] El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba seiscientos siclos. Delante de él marchaba un escudero. [8] Goliat se detuvo ante los soldados israelitas y los desafió: «¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿No soy yo un filisteo? ¿Y no están ustedes al servicio de Saúl? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente? [9] Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero, si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán». [10] Dijo además el filisteo: «¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!». [11] Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo. [12] David era hijo de Isaí, un efrateo que vivía en Belén de Judá. En tiempos de Saúl, Isaí era ya de edad muy avanzada y tenía ocho hijos. [13] Sus tres hijos mayores habían marchado a la guerra con Saúl. El primogénito se llamaba Eliab; el segundo, Abinadab; el tercero, Sama. [14] Estos tres habían seguido a Saúl por ser los mayores. David, que era el menor, [15] solía ir adonde estaba Saúl, pero regresaba a Belén para cuidar las ovejas de su padre. [16] El filisteo salía mañana y tarde a desafiar a los israelitas, y así lo estuvo haciendo durante cuarenta días. [17] Un día, Isaí le dijo a su hijo David: «Toma este efa de trigo tostado y estos diez panes, y vete pronto al campamento para dárselos a tus hermanos. [18] Lleva también estos diez quesos para el comandante del batallón. Averigua cómo les va a tus hermanos y tráeme una prueba de que ellos están bien. [19] Los encontrarás en el valle de Elá, con Saúl y todos los soldados israelitas, peleando contra los filisteos». [20] David cumplió con las instrucciones de Isaí. Se levantó muy de mañana y, después de encargarle el rebaño a un pastor, tomó las provisiones y se puso en camino. Llegó al campamento en el momento en que los soldados, lanzando gritos de guerra, salían a tomar sus posiciones. [21] Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente. [22] David, por su parte, dejó su carga al cuidado del encargado de las provisiones, y corrió a las filas para saludar a sus hermanos. [23] Mientras conversaban, Goliat, el gran guerrero filisteo de Gat, salió de entre las filas para repetir su desafío y David lo oyó. [24] Cada vez que los israelitas veían a Goliat huían despavoridos. [25] Algunos decían: «¿Ven a ese hombre que sale a desafiar a Israel? A quien lo venza y lo mate, el rey lo colmará de riquezas. Además, le dará su hija como esposa y su familia quedará exenta de impuestos aquí en Israel». [26] David preguntó a los que estaban con él: ―¿Qué dicen que le darán a quien mate a ese filisteo y salve así el honor de Israel? ¿Quién es este filisteo incircunciso, que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente? [27] ―Al que lo mate —repitieron— se le dará la recompensa anunciada. [28] Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres y se puso furioso con él. Entonces le reclamó: ―¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Yo te conozco. Eres un atrevido y mal intencionado. ¡Seguro que has venido para ver la batalla! [29] ―¿Y ahora qué hice? —protestó David—. ¡Si apenas he abierto la boca! [30] Apartándose de su hermano, les preguntó a otros, quienes le dijeron lo mismo. [31] Algunos que oyeron lo que había dicho David se lo contaron a Saúl y este mandó llamarlo. [32] Entonces David le dijo a Saúl: ―¡Nadie tiene por qué desanimarse a causa de este filisteo! Yo mismo iré a pelear contra él. [33] ―¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! —respondió Saúl—. No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida. [34] David le respondió: ―A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, [35] yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y, si el animal me ataca, lo agarro por la melena y lo sigo golpeando hasta matarlo. [36] Si este siervo suyo ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo incircunciso, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. [37] El SEÑOR, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo. ―Anda, pues —dijo Saúl—, y que el SEÑOR te acompañe. [38] Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza. [39] David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado. ―No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—; no estoy entrenado para ello. De modo que se quitó todo aquello, [40] tomó su bastón, fue al río a escoger cinco piedras lisas y las metió en su bolsa de pastor. Luego, honda en mano, se acercó al filisteo. [41] Este, por su parte, también avanzaba hacia David detrás de su escudero. [42] Echó una mirada a David y, al darse cuenta de que era apenas un muchacho, pelirrojo y buen mozo, con desprecio [43] le dijo: ―¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y, maldiciendo a David en nombre de sus dioses, [44] añadió: ―¡Ven acá, que voy a echar tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo! [45] David le contestó: ―Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del SEÑOR de los Ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien has desafiado. [46] Hoy mismo el SEÑOR te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. [47] Todos los que están aquí reconocerán que el SEÑOR salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del SEÑOR y él los entregará a ustedes en nuestras manos. [48] En cuanto el filisteo avanzó para acercarse a David y enfrentarse con él, también este corrió rápidamente hacia la línea de batalla para hacerle frente. [49] Metiendo la mano en su bolsa sacó una piedra y con la honda se la lanzó al filisteo, hiriéndolo en la frente. Con la piedra incrustada entre ceja y ceja, el filisteo cayó de bruces al suelo. [50] Así fue como David triunfó sobre el filisteo: lo hirió de muerte con una honda y una piedra y sin empuñar la espada. [51] Luego corrió adonde estaba el filisteo, le quitó la espada, la desenvainó, lo remató con ella y cortó su cabeza. Cuando los filisteos vieron que su héroe había muerto, salieron corriendo. [52] Entonces los soldados de Israel y de Judá, dando gritos de guerra, se lanzaron contra ellos y los persiguieron hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Todo el camino, desde Sajarayin hasta Gat y Ecrón, quedó regado de cadáveres de filisteos. [53] Cuando los israelitas dejaron de perseguir a los filisteos, regresaron para saquearles el campamento. [54] Luego David tomó la cabeza de Goliat y la llevó a Jerusalén, pero las armas las guardó en su tienda de campaña. [55] Anteriormente Saúl, al ver a David enfrentarse con el filisteo, le había preguntado a Abner, comandante de su ejército: ―Abner, ¿quién es el padre de ese muchacho? ―Tan cierto como que Su Majestad vive, le aseguro que no lo sé. [56] ―Averíguame quién es —le había dicho el rey. [57] Tan pronto como David regresó, después de haber matado a Goliat, y con la cabeza del filisteo todavía en la mano, Abner lo llevó ante Saúl. [58] ―¿De quién eres hijo, muchacho? —le preguntó Saúl. ―De Isaí de Belén, servidor suyo —respondió David.
