1 Reyes 1:1-53 NVI
[1] El rey David era ya tan anciano y entrado en años que, por más que lo abrigaban, no conseguía entrar en calor. [2] Por eso sus servidores le dijeron: «Busquemos a una joven virgen para que atienda a nuestro señor el rey, lo cuide y se acueste a su lado para darle calor». [3] Así que fueron por todo Israel en busca de una muchacha hermosa. Entonces encontraron a una sunamita llamada Abisag y se la llevaron al rey. [4] La muchacha era realmente muy hermosa y se dedicó a cuidar y a servir al rey, aunque el rey nunca tuvo relaciones sexuales con ella. [5] Adonías, cuya madre fue Jaguit, se llenó de ambición y dijo: «¡Yo voy a ser rey!». Por lo tanto, consiguió carros de combate, caballos y cincuenta guardias de escolta. [6] Adonías, que había nacido inmediatamente luego de Absalón, era muy bien parecido. Y, como David, su padre, nunca lo había contrariado ni le había pedido cuentas de lo que hacía, [7] Adonías se confabuló con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, y estos le dieron su apoyo. [8] Quienes no lo apoyaron fueron el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de Joyadá, el profeta Natán, Simí, Reguí y la guardia personal de David. [9] Cerca de Enroguel, junto a la peña de Zojélet, Adonías ofreció un sacrificio de ovejas, bueyes y terneros engordados. Invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los funcionarios reales de Judá, [10] pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaías, ni a la guardia real ni a su hermano Salomón. [11] Por eso Natán le preguntó a Betsabé, la madre de Salomón: «¿Ya sabes que Adonías, el hijo de Jaguit, se ha proclamado rey a espaldas de nuestro señor David? [12] Pues, si quieres salvar tu vida y la de tu hijo Salomón, déjame darte un consejo. [13] Ve a presentarte ante el rey David y dile: “¿Acaso no le había jurado mi señor el rey a esta servidora suya que mi hijo Salomón reinaría después de usted y se sentaría en su trono? ¿Cómo es que ahora el rey es Adonías?”. [14] Mientras tú estés allí, hablando con el rey, yo entraré para confirmar tus palabras». [15] Betsabé se dirigió entonces a la habitación del rey. Como este ya era muy anciano, lo atendía Abisag la sunamita. [16] Al llegar Betsabé, se inclinó y postró ante el rey y este le preguntó: ―¿Qué quieres? [17] ―Mi señor juró por el SEÑOR su Dios a esta servidora suya —contestó Betsabé— que mi hijo Salomón reinaría después de usted y se sentaría en su trono. [18] Pero ahora resulta que Adonías se ha proclamado rey a espaldas de usted, mi señor y rey. [19] Ha sacrificado una gran cantidad de toros, terneros engordados y ovejas. También ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, comandante del ejército; sin embargo, no invitó a su servidor Salomón. [20] Mi señor y rey, todo Israel está a la expectativa y quiere que usted le diga quién lo sucederá en el trono. [21] De lo contrario, tan pronto como mi señor el rey muera, mi hijo Salomón y yo seremos acusados de alta traición. [22] Mientras Betsabé hablaba con el rey, llegó el profeta Natán, [23] y el rey se enteró de su llegada. Entonces Natán se presentó ante el rey, se postró rostro en tierra [24] y le dijo: ―Mi señor y rey, ¿acaso ha decretado usted que Adonías lo suceda en el trono? [25] Pregunto esto porque él ha ido hoy a sacrificar una gran cantidad de toros, terneros engordados y ovejas. Además, ha invitado a todos los hijos del rey, a los comandantes del ejército y al sacerdote Abiatar; allí están todos ellos comiendo y bebiendo y gritando en su presencia: “¡Viva el rey Adonías!”. [26] Sin embargo, no me invitó a mí, su servidor, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías, hijo de Joyadá, ni a su servidor Salomón. [27] ¿Será posible que mi señor y rey haya hecho esto sin dignarse comunicarles a sus servidores quién lo sucederá en el trono? [28] Al oír esto, el rey David ordenó: ―¡Llamen a Betsabé! Ella entró y se quedó de pie ante el rey. [29] Entonces el rey le hizo este juramento: ―Tan cierto como que vive el SEÑOR, que me ha librado de toda angustia, [30] te aseguro que hoy cumpliré lo que te juré por el SEÑOR, el Dios de Israel. Yo te prometí que tu hijo Salomón me sucederá en el trono y reinará en mi lugar. [31] Betsabé se inclinó ante el rey y, postrándose rostro en tierra, exclamó: ―¡Que viva para siempre mi señor, el rey David! [32] David ordenó: ―Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Joyadá. Cuando los tres se presentaron ante el rey, [33] este les dijo: ―Tomen con ustedes a los funcionarios de la corte, monten a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajen con él a Guijón [34] para que el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo unjan como rey de Israel. Toquen luego la trompeta y griten: “¡Viva el rey Salomón!”. [35] Después de eso, regresen con él para que ocupe el trono en mi lugar y me suceda como rey, pues he dispuesto que sea él quien gobierne a Israel y a Judá. [36] ―¡Que así sea! —le respondió Benaías, hijo de Joyadá—. ¡Que así lo confirme el SEÑOR, Dios de mi señor el rey! [37] Que, así como el SEÑOR estuvo con mi señor el rey, esté también con Salomón; ¡y que engrandezca su trono aún más que el trono de mi señor, el rey David! [38] El sacerdote Sadoc, el profeta Natán y Benaías, hijo de Joyadá, y los quereteos y los peleteos, montaron a Salomón en la mula del rey David y lo escoltaron mientras bajaban hasta Guijón. [39] Allí el sacerdote Sadoc tomó el cuerno de aceite que estaba en la Tienda y ungió a Salomón. Tocaron entonces la trompeta y todo el pueblo gritó: «¡Viva el rey Salomón!». [40] Luego, todos subieron detrás de él, tocando flautas y lanzando gritos de alegría. Era tal el estruendo que la tierra temblaba. [41] Adonías y todos sus invitados estaban por terminar de comer cuando sintieron el estruendo. Al oír el sonido de la trompeta, Joab preguntó: ―¿Por qué habrá tanta bulla en la ciudad? [42] Aún estaba hablando cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. ―¡Entra! —le dijo Adonías—. Un hombre respetable como tú debe traer buenas noticias. [43] ―¡No es así! —exclamó Jonatán—. Nuestro señor, el rey David, ha nombrado rey a Salomón. [44] También ha ordenado que el sacerdote Sadoc, el profeta Natán y Benaías, hijo de Joyadá, con los quereteos y los peleteos, monten a Salomón en la mula del rey. [45] Sadoc y Natán lo han ungido como rey en Guijón. Desde allí han subido lanzando gritos de alegría, y la ciudad está alborotada. A eso se debe el griterío que se escucha. [46] Además, Salomón se ha sentado en el trono real [47] y los funcionarios de la corte han ido a felicitar a nuestro señor, el rey David. Hasta le desearon que su Dios hiciera el nombre de Salomón más famoso todavía que el de David y que engrandeciera el trono de Salomón más que el suyo. Ante eso, el rey se postró en su cama [48] y dijo: “¡Alabado sea el SEÑOR, Dios de Israel, que hoy me ha concedido ver a mi sucesor sentarse en mi trono!”. [49] Al oír eso, todos los invitados de Adonías se levantaron llenos de miedo y se dispersaron. [50] Adonías, por temor a Salomón, se refugió en el santuario, en donde se agarró de los cuernos del altar. [51] No faltó quien fuera a decirle a Salomón: ―Adonías tiene miedo de usted, rey Salomón, y está agarrado de los cuernos del altar. Ha dicho: “¡Quiero que hoy mismo jure el rey Salomón que no condenará a muerte a este servidor suyo!”. [52] Salomón respondió: ―Si demuestra que es un hombre de honor, no perderá ni un cabello de su cabeza; pero, si se le sorprende en alguna maldad, será condenado a muerte. [53] Acto seguido, el rey Salomón mandó que lo trajeran. Cuando Adonías llegó, se postró ante el rey Salomón y este le ordenó que se fuera a su casa.
