1 Corintios 7:1-40 NVI
[1] Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito: «Es mejor no tener relaciones sexuales». [2] Pero, en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa y cada mujer su propio esposo. [3] El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa e igualmente la mujer con su esposo. [4] La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. [5] No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio. [6] Ahora bien, esto lo digo como una concesión y no como una orden. [7] En realidad, preferiría que todos fueran como yo. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don: este posee uno; aquel, otro. [8] A los solteros y a las viudas les digo que sería mejor que se quedaran como yo. [9] Pero, si no pueden dominarse, que se casen, porque es preferible casarse que quemarse de pasión. [10] A los casados les doy la siguiente orden (no yo, sino el Señor): que la mujer no se separe de su esposo. [11] Sin embargo, si se separa, que no se vuelva a casar; de lo contrario, que se reconcilie con su esposo. Así mismo, que el hombre no se divorcie de su esposa. [12] A los demás les digo yo (no es mandamiento del Señor): si algún hermano tiene una esposa que no es creyente y ella consiente en vivir con él, que no se divorcie de ella. [13] Y, si una mujer tiene un esposo que no es creyente y él consiente en vivir con ella, que no se divorcie de él. [14] Porque el esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son considerados santos. [15] Sin embargo, si el cónyuge no creyente decide separarse, no se lo impidan. En tales circunstancias, el cónyuge creyente queda sin obligación; Dios nos ha llamado a vivir en paz. [16] ¿Cómo sabes tú, mujer, si acaso salvarás a tu esposo? ¿O cómo sabes tú, hombre, si acaso salvarás a tu esposa? [17] En cualquier caso, cada uno debe vivir conforme a la condición que el Señor le asignó y a la cual Dios lo ha llamado. Esta es la norma que establezco en todas las iglesias. [18] ¿Fue llamado alguno estando ya circuncidado? Que no disimule su condición. ¿Fue llamado alguno sin estar circuncidado? Que no se circuncide. [19] Para nada cuenta estar o no estar circuncidado, lo que importa es cumplir los mandatos de Dios. [20] Que cada uno permanezca en la condición en que estaba cuando Dios lo llamó. [21] ¿Eras esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes, aunque, si tienes la oportunidad de conseguir tu libertad, aprovéchala. [22] Porque el que era esclavo cuando el Señor lo llamó es un liberto del Señor; del mismo modo, el que era libre cuando fue llamado es un esclavo de Cristo. [23] Ustedes fueron comprados por un precio; no se vuelvan esclavos de nadie. [24] Hermanos, cada uno permanezca ante Dios en la condición en que estaba cuando Dios lo llamó. [25] En cuanto a las personas solteras, no tengo ningún mandato del Señor, pero doy mi opinión como quien por la misericordia del Señor es digno de confianza. [26] Pienso que, a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está. [27] ¿Estás casado? No procures divorciarte. ¿Estás sin esposa? No busques una. [28] Pero, si te casas, no pecas; y, si una joven se casa, tampoco comete pecado. Sin embargo, los que se casan tendrán que pasar por muchos aprietos y yo quiero evitárselos. [29] Lo que quiero decir, hermanos, es que nos queda poco tiempo. De aquí en adelante los que tienen esposa deben vivir como si no la tuvieran; [30] los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran; [31] los que disfrutan de las cosas de este mundo, como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer. [32] Yo preferiría que estuvieran libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarlo. [33] Pero el casado se preocupa de las cosas de este mundo y de cómo agradar a su esposa; [34] sus intereses están divididos. La mujer no casada, lo mismo que la joven soltera, se preocupa de las cosas del Señor; se afana por consagrarse al Señor tanto en cuerpo como en espíritu. Pero la casada se preocupa de las cosas de este mundo y de cómo agradar a su esposo. [35] Les digo esto por su propio bien, no para ponerles restricciones, sino para que vivan con decoro y plenamente dedicados al Señor. [36] Si alguno piensa que no está tratando a su prometida como es debido y ella ha llegado ya a su madurez, por lo cual él se siente obligado a casarse, que lo haga. Con eso no peca; que se casen. [37] Pero el que se mantiene firme en su propósito y no está dominado por sus impulsos, sino que domina su propia voluntad y ha resuelto no casarse con su prometida, también hace bien. [38] De modo que el que se casa con su prometida hace bien, pero el que no se casa hace mejor. [39] La mujer está ligada a su esposo mientras él vive; pero, si el esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal de que sea en el Señor. [40] En mi opinión, ella será más feliz si no se casa, y creo que yo también tengo el Espíritu de Dios.
