1 Corintios 14:1-40 NVI

[1] Esfuércense en seguir el amor y ambicionen los dones espirituales, sobre todo el de profecía. [2] Porque el que habla en lenguas no habla a los demás, sino a Dios. En realidad, nadie entiende lo que dice, pues habla misterios por el Espíritu. [3] En cambio, el que profetiza habla a los demás para edificarlos, animarlos y consolarlos. [4] El que habla en lenguas se edifica a sí mismo; en cambio, el que profetiza edifica a la iglesia. [5] Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas, pero mucho más que profetizaran. El que profetiza aventaja al que habla en lenguas, a menos que este también interprete, para que la iglesia reciba edificación. [6] Hermanos, si ahora fuera a visitarlos y hablara en lenguas, ¿de qué serviría a menos que presentara alguna revelación, conocimiento, profecía o enseñanza? [7] Aun en el caso de los instrumentos musicales, tales como la flauta o el arpa, ¿cómo se reconocerá lo que tocan si no dan distintamente sus sonidos? [8] Y, si la trompeta no da un toque claro, ¿quién se va a preparar para la batalla? [9] Así sucede con ustedes. A menos que su lengua pronuncie palabras comprensibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen? Será como si hablaran al aire. [10] ¡Quién sabe cuántos idiomas hay en el mundo! Además, ninguno carece de sentido. [11] Pero, si no capto el sentido de lo que alguien dice, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí. [12] Por eso ustedes, que desean dones espirituales, procuren que estos abunden para la edificación de la iglesia. [13] Por esta razón, el que habla en lenguas pida en oración el don de interpretar lo que diga. [14] Porque, si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada. [15] ¿Qué debo hacer entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento. [16] De otra manera, si alabas a Dios con el espíritu, ¿cómo puede quien no es instruido decir «amén» a tu acción de gracias, puesto que no entiende lo que dices? [17] En ese caso tu acción de gracias es admirable, pero no edifica al otro. [18] Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes. [19] Sin embargo, en la iglesia prefiero emplear cinco palabras comprensibles y que me sirvan para instruir a los demás que diez mil palabras en lenguas. [20] Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos en su modo de pensar. [21] En la Ley está escrito: «Por medio de gente de labios extranjeros y lenguas extrañas hablaré a este pueblo, pero ni aun así me escucharán, dice el Señor». [22] De modo que el hablar en lenguas es una señal no para los creyentes, sino para los incrédulos; en cambio, la profecía no es señal para los incrédulos, sino para los creyentes. [23] Así que, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos que no entienden o no creen, ¿no dirán que ustedes están locos? [24] Pero, si uno que no cree o uno que no entiende entra cuando todos están profetizando, se sentirá reprendido y juzgado por todos, [25] y los secretos de su corazón quedarán al descubierto. Así que se postrará ante Dios y lo adorará, exclamando: «¡Realmente Dios está entre ustedes!». [26] ¿Qué concluimos, hermanos? Que, cuando se reúnan, cada uno puede tener un salmo, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia. [27] Si se habla en lenguas, que hablen dos —o cuando mucho tres—, cada uno por turno y que alguien interprete. [28] Si no hay intérprete, que guarden silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios. [29] En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres y que los demás examinen con cuidado lo dicho. [30] Si alguien que está sentado recibe una revelación, el que esté hablando ceda la palabra. [31] Así todos pueden profetizar por turno, para que todos reciban instrucción y aliento. [32] El don de profecía está bajo el control de los profetas, [33] porque Dios no es un Dios de desorden, sino de paz. Como es costumbre en las congregaciones de los creyentes, [34] guarden las mujeres silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar. Que estén sumisas, como lo establece la Ley. [35] Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos; porque no está bien visto que una mujer hable en la iglesia. [36] ¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido? [37] Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. [38] Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido. [39] Así que, hermanos míos, ambicionen el don de profetizar y no prohíban que se hable en lenguas. [40] Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden.

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