[1] ¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! [2] Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el SEÑOR les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia! [3] Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. [4] Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Interludio [5] Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al SEÑOR », ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. Interludio [6] Por lo tanto, que todos los justos oren a ti, mientras aún haya tiempo, para que no se ahoguen en las desbordantes aguas del juicio. [7] Pues tú eres mi escondite; me proteges de las dificultades y me rodeas con canciones de victoria. Interludio [8] El SEÑOR dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. [9] No seas como el mulo o el caballo, que no tienen entendimiento, que necesitan un freno y una brida para mantenerse controlados». [10] Muchos son los dolores de los malvados, pero el amor inagotable rodea a los que confían en el SEÑOR. [11] ¡Así que alégrense mucho en el SEÑOR y estén contentos, ustedes los que le obedecen! ¡Griten de alegría, ustedes de corazón puro!