Salmos 22:1-31 NTV
[1] Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos cuando gimo por ayuda? [2] Cada día clamo a ti, mi Dios, pero no respondes; cada noche levanto mi voz, pero no encuentro alivio. [3] Sin embargo, tú eres santo, estás entronizado en las alabanzas de Israel. [4] Nuestros antepasados confiaron en ti, y los rescataste. [5] Clamaron a ti, y los salvaste; confiaron en ti y nunca fueron avergonzados. [6] Pero yo soy un gusano, no un hombre; ¡todos me desprecian y me tratan con desdén! [7] Todos los que me ven se burlan de mí; sonríen con malicia y menean la cabeza mientras dicen: [8] «¿Este es el que confía en el SEÑOR? Entonces ¡que el SEÑOR lo salve! Si el SEÑOR lo ama tanto, ¡que el SEÑOR lo rescate!». [9] Sin embargo, me sacaste a salvo del vientre de mi madre y, desde que ella me amamantaba, me hiciste confiar en ti. [10] Me arrojaron en tus brazos al nacer; desde mi nacimiento, tú has sido mi Dios. [11] No te quedes tan lejos de mí, porque se acercan dificultades, y nadie más puede ayudarme. [12] Mis enemigos me rodean como una manada de toros; ¡toros feroces de Basán me tienen cercado! [13] Como leones abren sus fauces contra mí; rugen y despedazan a su presa. [14] Mi vida se derrama como el agua, y todos mis huesos se han dislocado. Mi corazón es como cera que se derrite dentro de mí. [15] Mi fuerza se ha secado como barro cocido; la lengua se me pega al paladar. Me acostaste en el polvo y me diste por muerto. [16] Mis enemigos me rodean como una jauría de perros; una pandilla de malvados me acorrala; han atravesado mis manos y mis pies. [17] Puedo contar cada uno de mis huesos; mis enemigos me miran fijamente y se regodean. [18] Se reparten mi vestimenta entre ellos y tiran los dados por mi ropa. [19] ¡Oh SEÑOR, no te quedes lejos! Tú eres mi fuerza, ¡ven pronto en mi auxilio! [20] Sálvame de la espada; libra mi preciosa vida de estos perros. [21] Arrebátame de las fauces del león y de los cuernos de estos bueyes salvajes. [22] Anunciaré tu nombre a mis hermanos; entre tu pueblo reunido te alabaré. [23] ¡Alaben al SEÑOR, todos los que le temen! ¡Hónrenlo, descendientes de Jacob! ¡Muéstrenle reverencia, descendientes de Israel! [24] Pues no ha pasado por alto ni ha tenido en menos el sufrimiento de los necesitados; no les dio la espalda, sino que ha escuchado sus gritos de auxilio. [25] Te alabaré en la gran asamblea; cumpliré mis promesas en presencia de los que te adoran. [26] Los pobres comerán y quedarán satisfechos; todos los que buscan al SEÑOR lo alabarán; se alegrará el corazón con gozo eterno. [27] Toda la tierra reconocerá al SEÑOR y regresará a él; todas las familias de las naciones se inclinarán ante él. [28] Pues el poder de la realeza pertenece al SEÑOR; él gobierna a todas las naciones. [29] Que los ricos de la tierra hagan fiesta y adoren; inclínense ante él todos los mortales, aquellos cuya vida terminará como polvo. [30] Nuestros hijos también lo servirán; las generaciones futuras oirán de las maravillas del Señor. [31] A los que aún no han nacido les contarán de sus actos de justicia; ellos oirán de todo lo que él ha hecho.
