[1] SEÑOR, acuérdate de David y de todo lo que sufrió. [2] Le hizo una promesa solemne al SEÑOR; le juró al Poderoso de Israel: [3] «No iré a mi hogar ni me permitiré descansar; [4] no dejaré que mis ojos duerman ni cerraré los párpados adormecidos [5] hasta que encuentre un lugar donde construir una casa para el SEÑOR, un santuario para el Poderoso de Israel». [6] Oímos que el arca estaba en Efrata; luego la encontramos en los campos distantes de Jaar. [7] Vayamos al santuario del SEÑOR; adoremos al pie de su trono. [8] Levántate, oh SEÑOR, y entra en tu lugar de descanso, junto con el arca, símbolo de tu poder. [9] Que tus sacerdotes se vistan de santidad; que tus leales servidores canten de alegría. [10] Por amor a tu siervo David, no rechaces al rey que has ungido. [11] El SEÑOR le hizo un juramento a David con una promesa que nunca retirará: «Pondré a uno de tus descendientes en tu trono. [12] Si tus descendientes obedecen las condiciones de mi pacto y las leyes que les enseño, entonces tu linaje real continuará por siempre y para siempre». [13] Pues el SEÑOR ha escogido a Jerusalén; ha querido que sea su hogar. [14] «Este es mi lugar de descanso para siempre -dijo-; viviré aquí porque este es el hogar que he deseado. [15] Bendeciré a esta ciudad y la haré próspera; saciaré a sus pobres con alimento. [16] Vestiré a sus sacerdotes con santidad; sus fieles servidores cantarán de alegría. [17] Aquí aumentaré el poder de David; mi ungido será una luz para mi pueblo. [18] Vestiré de vergüenza a sus enemigos, pero él será un rey glorioso».