[1] ¡Auxilio, oh SEÑOR, porque los justos desaparecen con rapidez! ¡Los fieles se han esfumado de la tierra! [2] Los vecinos se mienten unos a otros: se halagan con la lengua y se engañan con el corazón. [3] Que el SEÑOR les corte esos labios aduladores y silencie sus lenguas jactanciosas. [4] «Mintamos todo lo que queramos -dicen-. Son nuestros los labios; ¿quién puede detenernos?». [5] El SEÑOR responde: «He visto violencia contra los indefensos y he oído el gemir de los pobres. Ahora me levantaré para rescatarlos como ellos anhelaron que hiciera». [6] Las promesas del SEÑOR son puras como la plata refinada en el horno, purificada siete veces. [7] Por lo tanto, SEÑOR, sabemos que protegerás a los oprimidos; los guardarás para siempre de esta generación mentirosa, [8] aunque los malvados anden pavoneándose y se alabe el mal por toda la tierra.