Mateo 19:1-30 NTV
[1] Cuando Jesús terminó de decir esas cosas, salió de Galilea y descendió a la región de Judea, al oriente del río Jordán. [2] Grandes multitudes lo siguieron, y él sanó a los enfermos. [3] Unos fariseos se acercaron y trataron de tenderle una trampa con la siguiente pregunta: -¿Se permite que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo? [4] Jesús respondió: -¿No han leído las Escrituras? Allí está escrito que, desde el principio, "Dios los hizo hombre y mujer". [5] -Y agregó-: "Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo". [6] Como ya no son dos sino uno, que nadie separe lo que Dios ha unido. [7] -Entonces -preguntaron-, ¿por qué dice Moisés en la ley que un hombre podría darle a su esposa un aviso de divorcio por escrito y despedirla? [8] Jesús contestó: -Moisés permitió el divorcio solo como una concesión ante la dureza del corazón de ustedes, pero no fue la intención original de Dios. [9] Y les digo lo siguiente: el que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio, a menos que la esposa le haya sido infiel. [10] Entonces los discípulos le dijeron: -Si así son las cosas, ¡será mejor no casarse! [11] -No todos pueden aceptar esta palabra -dijo Jesús-. Solo aquellos que reciben la ayuda de Dios. [12] Algunos nacen como eunucos, a otros los hacen eunucos, y otros optan por no casarse por amor al reino del cielo. El que pueda, que lo acepte. [13] Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que pusiera sus manos sobre ellos y orara por ellos. Pero los discípulos regañaron a los padres por molestar a Jesús. [14] Pero Jesús les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino del cielo pertenece a los que son como estos niños». [15] Entonces les puso las manos sobre la cabeza y los bendijo antes de irse. [16] Alguien se acercó a Jesús con la siguiente pregunta: -Maestro, ¿qué buena acción tengo que hacer para tener la vida eterna? [17] -¿Por qué me preguntas a mí sobre lo que es bueno? -respondió Jesús-. Solo hay Uno que es bueno; pero para contestar a tu pregunta, si deseas recibir la vida eterna, cumple los mandamientos. [18] -¿Cuáles? -preguntó el hombre. Y Jesús le contestó: -"No cometas asesinato; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; [19] honra a tu padre y a tu madre; ama a tu prójimo como a ti mismo". [20] -He obedecido todos esos mandamientos -respondió el joven-. ¿Qué más debo hacer? [21] Jesús le dijo: -Si deseas ser perfecto, anda, vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme. [22] Cuando el joven escuchó lo que Jesús le dijo, se fue triste porque tenía muchas posesiones. [23] Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Les digo la verdad, es muy difícil que una persona rica entre en el reino del cielo. [24] Lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». [25] Los discípulos quedaron atónitos. -Entonces, ¿quién podrá ser salvo? -preguntaron. [26] Jesús los miró y les dijo: -Humanamente hablando es imposible, pero para Dios todo es posible. [27] Entonces Pedro le dijo: -Nosotros hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos a cambio? [28] Jesús contestó: -Les aseguro que cuando el mundo se renueve y el Hijo del Hombre se siente sobre su trono glorioso, ustedes que han sido mis seguidores también se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o bienes por mi causa recibirá cien veces más a cambio y heredará la vida eterna. [30] Pero muchos que ahora son los más importantes en ese día serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen menos importantes en ese día serán los más importantes.
