Mateo 14:1-36 NTV

[1] Cuando Herodes Antipas, el gobernante de Galilea, oyó hablar de Jesús, [2] les dijo a sus consejeros: «¡Este debe ser Juan el Bautista que resucitó de los muertos! Por eso puede hacer semejantes milagros». [3] Pues Herodes había arrestado y encarcelado a Juan como un favor para su esposa, Herodías (exesposa de Felipe, el hermano de Herodes). [4] Juan venía diciendo a Herodes: «Es contra la ley de Dios que te cases con ella». [5] Herodes quería matar a Juan pero temía que se produjera un disturbio, porque toda la gente creía que Juan era un profeta. [6] Pero durante la fiesta de cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó una danza que a él le agradó mucho; [7] entonces le prometió con un juramento que le daría cualquier cosa que ella quisiera. [8] Presionada por su madre, la joven dijo: «Quiero en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». [9] Entonces el rey se arrepintió de lo que había dicho; pero debido al juramento que había hecho delante de sus invitados, dio las órdenes necesarias. [10] Así fue que decapitaron a Juan en la prisión, [11] trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la joven, quien se la llevó a su madre. [12] Después, los discípulos de Juan llegaron a buscar su cuerpo y lo enterraron. Luego fueron a contarle a Jesús lo que había sucedido. [13] En cuanto Jesús escuchó la noticia, salió en una barca a un lugar alejado para estar a solas; pero las multitudes oyeron hacia dónde se dirigía y lo siguieron a pie desde muchas ciudades. [14] Cuando Jesús bajó de la barca, vio a la gran multitud, tuvo compasión de ellos y sanó a los enfermos. [15] Esa tarde, los discípulos se le acercaron y le dijeron: -Este es un lugar alejado y ya se está haciendo tarde. Despide a las multitudes para que puedan ir a las aldeas a comprarse comida. [16] Jesús les dijo: -Eso no es necesario; denles ustedes de comer. [17] -¡Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados! -le respondieron. [18] -Tráiganlos aquí -dijo Jesús. [19] Luego le dijo a la gente que se sentara sobre la hierba. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Después partió los panes en trozos y se los dio a sus discípulos, quienes los distribuyeron entre la gente. [20] Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró. [21] Aquel día, ¡unos cinco mil hombres se alimentaron, además de las mujeres y los niños! [22] Inmediatamente después, Jesús insistió en que los discípulos regresaran a la barca y cruzaran al otro lado del lago mientras él enviaba a la gente a casa. [23] Después de despedir a la gente, subió a las colinas para orar a solas. Mientras estaba allí solo, cayó la noche. [24] Mientras tanto, los discípulos se encontraban en problemas lejos de tierra firme, ya que se había levantado un fuerte viento y luchaban contra grandes olas. [25] A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua. [26] Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua, quedaron aterrados. Llenos de miedo, clamaron: «¡Es un fantasma!». [27] Pero Jesús les habló de inmediato: -No tengan miedo -dijo-. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí! [28] Entonces Pedro lo llamó: -Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua. [29] -Sí, ven -dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús, [30] pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse. -¡Sálvame, Señor! -gritó. [31] De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró. -Tienes tan poca fe -le dijo Jesús-. ¿Por qué dudaste de mí? [32] Cuando subieron de nuevo a la barca, el viento se detuvo. [33] Entonces los discípulos lo adoraron. «¡De verdad eres el Hijo de Dios!», exclamaron. [34] Después de cruzar el lago, arribaron a Genesaret. [35] Cuando la gente reconoció a Jesús, la noticia de su llegada corrió rápidamente por toda la región, y pronto la gente llevó a todos los enfermos para que fueran sanados. [36] Le suplicaban que permitiera a los enfermos tocar al menos el fleco de su túnica, y todos los que tocaban a Jesús eran sanados.

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