Marcos 6:1-56 NTV
[1] Jesús salió de esa región y regresó con sus discípulos a Nazaret, su pueblo. [2] El siguiente día de descanso, comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos de los que lo oían quedaban asombrados. Preguntaban: «¿De dónde sacó toda esa sabiduría y el poder para realizar semejantes milagros?». [3] Y se burlaban: «Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros». Se sentían profundamente ofendidos y se negaron a creer en él. [4] Entonces Jesús les dijo: «Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre sus parientes y su propia familia». [5] Y, debido a la incredulidad de ellos, Jesús no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. [6] Y estaba asombrado de su incredulidad. Después Jesús fue de aldea en aldea enseñando a la gente. [7] Reunió a sus doce discípulos, comenzó a enviarlos de dos en dos y les dio autoridad para expulsar espíritus malignos. [8] Les dijo que no llevaran nada para el viaje -ni comida, ni bolso de viaje, ni dinero- sino solo un bastón. [9] Les permitió llevar sandalias pero no una muda de ropa. [10] Les dijo: «Por todo lugar que vayan, quédense en la misma casa hasta salir de la ciudad. [11] Pero si en algún lugar se niegan a recibirlos o a escucharlos, sacúdanse el polvo de los pies al salir para mostrar que abandonan a esas personas a su suerte». [12] Entonces los discípulos salieron y decían a todos que se arrepintieran de sus pecados y volvieran a Dios. [13] También expulsaban muchos demonios y sanaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite de oliva. [14] El rey Herodes Antipas pronto oyó hablar de Jesús, porque todos hablaban de él. Algunos decían: «Este debe ser Juan el Bautista que resucitó de los muertos. Por eso puede hacer semejantes milagros». [15] Otros decían: «Es Elías». Incluso otros afirmaban: «Es un profeta como los grandes profetas del pasado». [16] Cuando Herodes oyó hablar de Jesús, dijo: «Juan, el hombre que yo decapité, ha regresado de los muertos». [17] Pues Herodes había enviado soldados para arrestar y encarcelar a Juan para hacerle un favor a Herodías. Él se casó con ella a pesar de que era esposa de su hermano, Felipe. [18] Juan le había estado diciendo a Herodes: «Es contra la ley de Dios que te cases con la esposa de tu hermano». [19] Por eso Herodías le guardaba rencor a Juan y quería matarlo; pero sin el visto bueno de Herodes, ella no podía hacer nada, [20] porque Herodes respetaba a Juan y lo protegía porque sabía que era un hombre bueno y santo. Herodes se inquietaba mucho siempre que hablaba con Juan, pero aun así le gustaba escucharlo. [21] Finalmente, Herodías tuvo su oportunidad en el cumpleaños de Herodes. Él dio una fiesta para los altos funcionarios de su gobierno, los oficiales del ejército y los ciudadanos prominentes de Galilea. [22] Luego la hija del rey, también llamada Herodías, entró y bailó una danza que agradó mucho a Herodes y a sus invitados. «Pídeme lo que quieras -le dijo el rey a la muchacha- y te lo daré». [23] Incluso juró: «Te daré cualquier cosa que me pidas, ¡hasta la mitad de mi reino!». [24] Ella salió y le preguntó a su madre: -¿Qué debo pedir? Su madre le dijo: -¡Pide la cabeza de Juan el Bautista! [25] Así que la muchacha regresó de prisa y le dijo al rey: -¡Quiero ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja! [26] Entonces el rey se arrepintió profundamente de lo que había dicho, pero debido a los juramentos que había hecho delante de sus invitados, no le podía negar lo que pedía. [27] Así que envió de inmediato a un verdugo a la prisión para que le cortara la cabeza a Juan y luego se la trajera. El soldado decapitó a Juan en la prisión, [28] trajo su cabeza en una bandeja y se la dio a la muchacha, quien se la llevó a su madre. [29] Cuando los discípulos de Juan oyeron lo que había sucedido, fueron a buscar el cuerpo y lo pusieron en una tumba. [30] Los apóstoles regresaron de su viaje y le contaron a Jesús todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Entonces Jesús les dijo: «Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato». Lo dijo porque había tanta gente que iba y venía que Jesús y sus apóstoles no tenían tiempo ni para comer. [32] Así que salieron en la barca a un lugar tranquilo, donde pudieran estar a solas; [33] pero muchos los reconocieron y los vieron salir, y gente de muchos pueblos corrió a lo largo de la orilla y llegó antes que ellos. [34] Cuando Jesús salió de la barca, vio a la gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor. Entonces comenzó a enseñarles muchas cosas. [35] Al atardecer, los discípulos se le acercaron y le dijeron: -Este es un lugar alejado y ya se está haciendo tarde. [36] Despide a las multitudes para que puedan ir a las granjas y aldeas cercanas a comprar algo de comer. [37] Jesús les dijo: -Denles ustedes de comer. -¿Con qué? -preguntaron-. ¡Tendríamos que trabajar durante meses para ganar suficiente a fin de comprar comida para toda esta gente! [38] -¿Cuánto pan tienen? -preguntó-. Vayan y averigüen. Ellos regresaron e informaron: -Tenemos cinco panes y dos pescados. [39] Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. [40] Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien. [41] Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. [42] Todos comieron cuanto quisieron, [43] y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. [44] Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron. [45] Inmediatamente después, Jesús insistió en que sus discípulos regresaran a la barca y comenzaran a cruzar el lago hacia Betsaida mientras él enviaba a la gente a casa. [46] Después de despedirse de la gente, subió a las colinas para orar a solas. [47] Muy tarde esa misma noche, los discípulos estaban en la barca en medio del lago y Jesús estaba en tierra, solo. [48] Jesús vio que ellos se encontraban en serios problemas, pues remaban con mucha fuerza y luchaban contra el viento y las olas. A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua. Su intención era pasarlos de largo, [49] pero cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua, gritaron de terror pues pensaron que era un fantasma. [50] Todos quedaron aterrados al verlo. Pero Jesús les habló de inmediato: «No tengan miedo -dijo-. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí! ». [51] Entonces subió a la barca, y el viento se detuvo. Ellos estaban totalmente asombrados [52] porque todavía no entendían el significado del milagro de los panes. Tenían el corazón demasiado endurecido para comprenderlo. [53] Después de cruzar el lago, arribaron a Genesaret. Llevaron la barca hasta la orilla [54] y bajaron. Los habitantes reconocieron a Jesús enseguida [55] y corrieron por toda la región llevando a los enfermos en camillas hasta donde oían que él estaba. [56] Por donde iba -fueran aldeas, ciudades o granjas- le llevaban enfermos a las plazas. Le suplicaban que permitiera a los enfermos tocar al menos el fleco de su túnica, y todos los que tocaban a Jesús eran sanados.
