Lucas 7:1-50 NTV

[1] Cuando Jesús terminó de decir todo eso a la gente, regresó a Capernaúm. [2] En ese tiempo, un apreciado esclavo de un oficial romano estaba enfermo y a punto de morir. [3] Cuando el oficial oyó hablar de Jesús, envió a unos respetados ancianos judíos a pedirle que fuera a sanar a su esclavo. [4] De todo corazón, le suplicaron a Jesús que ayudara al hombre. Le dijeron: «Si alguien merece tu ayuda, es él; [5] pues ama al pueblo judío y hasta construyó una sinagoga para nosotros». [6] Entonces Jesús fue con ellos; pero, justo antes de que llegaran a la casa, el oficial envió a unos amigos a decir: «Señor, no te molestes en venir a mi casa, porque no soy digno de tanto honor. [7] Ni siquiera soy digno de ir a tu encuentro. Tan solo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará. [8] Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Solo tengo que decir: "Vayan", y ellos van, o "vengan", y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: "Hagan esto", lo hacen». [9] Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a la multitud que lo seguía y dijo: «Les digo, ¡no he visto una fe como esta en todo Israel!». [10] Cuando los amigos del oficial regresaron a la casa, encontraron al esclavo completamente sano. [11] Poco después, Jesús fue con sus discípulos a la aldea de Naín, y una multitud numerosa lo siguió. [12] Cuando Jesús llegó a la entrada de la aldea, salía una procesión fúnebre. El joven que había muerto era el único hijo de una viuda, y una gran multitud de la aldea la acompañaba. [13] Cuando el Señor la vio, su corazón rebosó de compasión. «No llores», le dijo. [14] Luego se acercó al ataúd y lo tocó y los que cargaban el ataúd se detuvieron. «Joven -dijo Jesús-, te digo, levántate». [15] ¡Entonces el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar! Y Jesús lo regresó a su madre. [16] Un gran temor se apoderó de la multitud, y alababan a Dios diciendo: «Un profeta poderoso se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado hoy a su pueblo». [17] Y las noticias acerca de Jesús corrieron por toda Judea y sus alrededores. [18] Los discípulos de Juan el Bautista le contaron todo lo que Jesús hacía. Entonces Juan llamó a dos de sus discípulos [19] y los envió al Señor para que le preguntaran: «¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?». [20] Los dos discípulos de Juan encontraron a Jesús y le dijeron: «Juan el Bautista nos envió a preguntarte: "¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?"». [21] En ese preciso momento Jesús sanó a muchas personas de enfermedades, dolencias, y expulsó espíritus malignos y le devolvió la vista a muchos ciegos. [22] Luego les dijo a los discípulos de Juan: «Regresen a Juan y cuéntenle lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos caminan bien, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les predica la Buena Noticia. [23] Y díganle: "Dios bendice a los que no se apartan por causa de mí"». [24] Después de que los discípulos de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar acerca de él a las multitudes. «¿A qué clase de hombre fueron a ver al desierto? ¿Acaso era una caña débil sacudida por la más leve brisa? [25] ¿O esperaban ver a un hombre vestido con ropa costosa? No, la gente que usa ropa elegante y vive rodeada de lujos se encuentra en los palacios. [26] ¿Buscaban a un profeta? Así es, y él es más que un profeta. [27] Juan es el hombre al que se refieren las Escrituras cuando dicen: "Mira, envío a mi mensajero por anticipado, y él preparará el camino delante de ti". [28] Les digo que de todos los hombres que han vivido, nadie es superior a Juan. Sin embargo, hasta la persona más insignificante en el reino de Dios es superior a él». [29] Cuando oyeron esto, todos -hasta los cobradores de impuestos- coincidieron en que el camino de Dios era el correcto, porque fueron bautizados por Juan; [30] pero los fariseos y los expertos en la ley religiosa no aceptaron el plan de Dios para ellos, porque rechazaron el bautismo de Juan. [31] «¿Con qué puedo comparar a la gente de esta generación? -preguntó Jesús-. ¿Cómo los puedo describir? [32] Se parecen a los niños que juegan en la plaza. Se quejan ante sus amigos: "Tocamos canciones de bodas, y no bailaron; entonces tocamos cantos fúnebres, y no lloraron". [33] Pues Juan el Bautista no pasaba el tiempo comiendo pan y bebiendo vino, y ustedes dicen: "Está poseído por un demonio". [34] El Hijo del Hombre, por su parte, festeja y bebe, y ustedes dicen: "Es un glotón y un borracho, ¡y es amigo de cobradores de impuestos y de otros pecadores!". [35] Pero la sabiduría demuestra estar en lo cierto por la vida de quienes la siguen ». [36] Uno de los fariseos invitó a Jesús a cenar, así que Jesús fue a su casa y se sentó a comer. [37] Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. [38] Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume. [39] Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!». [40] Entonces Jesús respondió a los pensamientos del fariseo: -Simón -le dijo-, tengo algo que decirte. -Adelante, Maestro -respondió Simón. [41] Entonces Jesús le contó la siguiente historia: -Un hombre prestó dinero a dos personas, quinientas piezas de plata a una y cincuenta piezas a la otra. [42] Sin embargo, ninguna de las dos pudo devolver el dinero, así que el hombre perdonó amablemente a ambas y les canceló la deuda. ¿Quién crees que lo amó más? [43] Simón contestó: -Supongo que la persona a quien le perdonó la deuda más grande. -Correcto -dijo Jesús. [44] Luego se volvió a la mujer y le dijo a Simón: -Mira a esta mujer que está arrodillada aquí. Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para lavarme el polvo de los pies, pero ella los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. [45] Tú no me saludaste con un beso, pero ella, desde el momento en que entré, no ha dejado de besarme los pies. [46] Tú no tuviste la cortesía de ungir mi cabeza con aceite de oliva, pero ella ha ungido mis pies con un perfume exquisito. [47] »Te digo que sus pecados -que son muchos- han sido perdonados, por eso ella me demostró tanto amor; pero una persona a quien se le perdona poco demuestra poco amor. [48] Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados». [49] Los hombres que estaban sentados a la mesa se decían entre sí: «¿Quién es este hombre que anda perdonando pecados?». [50] Y Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz».

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