Lucas 23:1-56 NTV
[1] Entonces todo el Concilio llevó a Jesús ante Pilato, el gobernador romano. [2] Comenzaron a presentar su caso: «Este hombre ha estado llevando al pueblo por mal camino al decirles que no paguen los impuestos al gobierno romano y al afirmar que él es el Mesías, un rey». [3] Entonces Pilato le preguntó: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús contestó: -Tú lo has dicho. [4] Pilato se dirigió a los principales sacerdotes y a la multitud y les dijo: -¡No encuentro ningún delito en este hombre! [5] Pero insistían: -Con sus enseñanzas causa disturbios por donde va, en toda Judea, desde Galilea hasta Jerusalén. [6] -Ah, ¿es galileo? -preguntó Pilato. [7] Cuando le dijeron que sí, Pilato lo mandó a Herodes Antipas, porque Galilea estaba bajo la jurisdicción de Herodes, y dio la casualidad de que se encontraba en Jerusalén en ese momento. [8] Herodes se alegró mucho por la oportunidad de ver a Jesús, porque había oído hablar de él y hacía tiempo que quería verlo realizar un milagro. [9] Herodes le hizo una pregunta tras otra, pero Jesús se negó a contestar. [10] Mientras tanto, los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa se quedaron allí gritando sus acusaciones. [11] Entonces Herodes y sus soldados comenzaron a burlarse de Jesús y a ridiculizarlo. Finalmente le pusieron un manto real y lo enviaron de regreso a Pilato. [12] (Herodes y Pilato, quienes habían sido enemigos anteriormente, ese día se hicieron amigos). [13] Entonces Pilato llamó a los principales sacerdotes y a los otros líderes religiosos, junto con el pueblo, [14] y anunció su veredicto: «Me trajeron a este hombre porque lo acusan de encabezar una revuelta. Detenidamente lo he examinado al respecto en presencia de ustedes y lo encuentro inocente. [15] Herodes llegó a la misma conclusión y me lo devolvió. Este hombre no ha hecho nada que merezca la pena de muerte. [16] Así que lo haré azotar y luego lo pondré en libertad». [18] Pero un gran clamor surgió de la multitud, y a una voz la gente gritó: «¡Mátalo y suéltanos a Barrabás!». [19] (Barrabás estaba en prisión por haber participado en un levantamiento contra el gobierno en Jerusalén, y por asesinato). [20] Pilato discutió con ellos porque quería poner en libertad a Jesús, [21] pero la multitud seguía gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». [22] Por tercera vez insistió Pilato: «¿Por qué? ¿Qué crimen ha cometido? No encuentro ninguna razón para condenarlo a muerte. Lo haré azotar y luego lo soltaré». [23] Pero la turba gritó cada vez más fuerte, exigiendo que Jesús fuera crucificado, y sus voces prevalecieron. [24] Entonces Pilato sentenció a Jesús a muerte como la gente reclamaba. [25] Como habían pedido, puso en libertad a Barrabás, el que estaba preso por levantamiento y asesinato. Y les entregó a Jesús para que hicieran con él como quisieran. [26] Cuando ellos se llevaban a Jesús, sucedió que un hombre llamado Simón, que era de Cirene, venía del campo. Los soldados lo agarraron, pusieron la cruz sobre él y lo obligaron a cargarla detrás de Jesús. [27] Una gran multitud lo seguía, incluidas muchas mujeres que lloraban desconsoladas. [28] Entonces Jesús se dio la vuelta y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. [29] Pues vienen días cuando dirán: "¡Dichosas las mujeres que no tienen hijos, los vientres que no dieron a luz y los pechos que no amamantaron!". [30] La gente suplicará a los montes: "¡Caigan sobre nosotros!" y rogará a las colinas: "¡Entiérrennos!". [31] Pues, si estas cosas suceden cuando el árbol está verde, ¿qué pasará cuando esté seco? ». [32] Llevaron a otros dos, ambos criminales, para ser ejecutados con Jesús. [33] Cuando llegaron a un lugar llamado «La Calavera», lo clavaron en la cruz y a los criminales también, uno a su derecha y otro a su izquierda. [34] Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados sortearon su ropa, tirando los dados. [35] La multitud observaba, y los líderes se burlaban. «Salvó a otros -decían-, que se salve a sí mismo si de verdad es el Mesías de Dios, el Elegido». [36] Los soldados también se burlaban de él, al ofrecerle vino agrio para beber. [37] Y exclamaron: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». [38] Encima de su cabeza, colocaron un letrero que decía: «Este es el Rey de los judíos». [39] Uno de los criminales colgados junto a él se burló: «¿Así que eres el Mesías? Demuéstralo salvándote a ti mismo, ¡y a nosotros también!». [40] Pero el otro criminal protestó: «¿Ni siquiera temes a Dios ahora que estás condenado a muerte? [41] Nosotros merecemos morir por nuestros crímenes, pero este hombre no ha hecho nada malo». [42] Luego dijo: -Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. [43] Jesús respondió: -Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso. [44] Ya era alrededor del mediodía, y la tierra se llenó de oscuridad hasta las tres de la tarde. [45] La luz del sol desapareció. Y, de repente, la cortina del santuario del templo se rasgó por la mitad. [46] Después Jesús gritó: «Padre, ¡encomiendo mi espíritu en tus manos!». Y con esas palabras dio su último suspiro. [47] Cuando el oficial romano encargado de la ejecución vio lo que había sucedido, adoró a Dios y dijo: «Este hombre era inocente de verdad». [48] Y cuando todas las multitudes que habían venido a observar la ejecución vieron lo que había sucedido, regresaron a casa con gran dolor; [49] pero los amigos de Jesús, incluidas las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, se quedaron mirando de lejos. [50] Había un hombre bueno y justo llamado José. Era miembro del Concilio Supremo judío, [51] pero no había estado de acuerdo con la decisión y las acciones de los otros líderes religiosos. Era de la ciudad de Judea llamada Arimatea y esperaba la venida del reino de Dios. [52] Fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. [53] Luego bajó el cuerpo de la cruz, lo envolvió en un largo lienzo de lino y lo colocó en una tumba nueva que había sido tallada en la roca. [54] Esto sucedió el viernes por la tarde, el día de preparación, cuando el día de descanso estaba por comenzar. [55] Mientras llevaban el cuerpo, las mujeres de Galilea iban detrás y vieron la tumba donde lo colocaron. [56] Luego fueron a sus casas y prepararon especias y ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús; pero cuando terminaron ya había comenzado el día de descanso, así que descansaron como ordena la ley.
