Juan 2:1-25 NTV
[1] Al día siguiente, se celebró una boda en la aldea de Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba presente, [2] y también fueron invitados a la fiesta Jesús y sus discípulos. [3] Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo: -Se quedaron sin vino. [4] -Apreciada mujer, ese no es nuestro problema -respondió Jesús-. Todavía no ha llegado mi momento. [5] Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga». [6] Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos. Cada tinaja tenía una capacidad de entre setenta y cinco a ciento trece litros. [7] Jesús les dijo a los sirvientes: «Llenen las tinajas con agua». Una vez que las tinajas estuvieron llenas, [8] les dijo: «Ahora saquen un poco y llévenselo al maestro de ceremonias». Así que los sirvientes siguieron sus indicaciones. [9] Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó a llamar al novio. [10] «Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero -le dijo-, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!». [11] Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en él. [12] Después de la boda, se fue unos días a Capernaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos. [13] Se acercaba la fecha de la celebración de la Pascua judía, así que Jesús fue a Jerusalén. [14] Vio que en la zona del templo había unos comerciantes que vendían ganado, ovejas y palomas para los sacrificios; vio a otros que estaban en sus mesas cambiando dinero extranjero. [15] Jesús se hizo un látigo con unas cuerdas y expulsó a todos del templo. Echó las ovejas y el ganado, arrojó por el suelo las monedas de los cambistas y les volteó las mesas. [16] Luego se dirigió a los que vendían palomas y les dijo: «Saquen todas esas cosas de aquí. ¡Dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!». [17] Entonces sus discípulos recordaron la profecía de las Escrituras que dice: «El celo por la casa de Dios me consumirá». [18] Pero los líderes judíos exigieron: -¿Qué estás haciendo? Si Dios te dio autoridad para hacer esto, muéstranos una señal milagrosa que lo compruebe. [19] -De acuerdo -contestó Jesús-. Destruyan este templo y en tres días lo levantaré. [20] -¡Qué dices! -exclamaron-. Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú puedes reconstruirlo en tres días? [21] Pero cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo. [22] Después que resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho. [23] Debido a las señales milagrosas que Jesús hizo en Jerusalén durante la celebración de la Pascua, muchos comenzaron a confiar en él; [24] pero Jesús no confiaba en ellos porque conocía todo acerca de las personas. [25] No hacía falta que nadie le dijera sobre la naturaleza humana, pues él sabía lo que había en el corazón de cada persona.
