Juan 10:1-42 NTV
[1] »Les digo la verdad, el que trepa por la pared de un redil a escondidas en lugar de entrar por la puerta ¡con toda seguridad es un ladrón y un bandido! [2] Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. [3] El portero le abre la puerta, y las ovejas reconocen la voz del pastor y se le acercan. Él llama a cada una de sus ovejas por su nombre y las lleva fuera del redil. [4] Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz. [5] Nunca seguirán a un desconocido; al contrario, huirán de él porque no conocen su voz. [6] Los que oyeron a Jesús usar este ejemplo no entendieron lo que quiso decir, [7] entonces les dio la explicación: «Les digo la verdad, yo soy la puerta de las ovejas. [8] Todos los que vinieron antes que yo eran ladrones y bandidos, pero las verdaderas ovejas no los escucharon. [9] Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. [10] El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante. [11] »Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas. [12] El que trabaja a sueldo sale corriendo cuando ve que se acerca un lobo; abandona las ovejas, porque no son suyas y él no es su pastor. Entonces el lobo ataca el rebaño y lo dispersa. [13] El cuidador contratado sale corriendo porque trabaja solamente por el dinero y, en realidad, no le importan las ovejas. [14] »Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, [15] como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi vida por las ovejas. [16] Además, tengo otras ovejas que no están en este redil, también las debo traer. Ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor. [17] »El Padre me ama, porque sacrifico mi vida para poder tomarla de nuevo. [18] Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla. Esto es lo que ordenó mi Padre». [19] Al oírlo decir esas cosas, la gente volvió a dividirse en cuanto a su opinión sobre Jesús. [20] Algunos decían: «Está loco y endemoniado, ¿para qué escuchar a un hombre así?». [21] Otros decían: «¡No suena como alguien poseído por un demonio! ¿Acaso un demonio puede abrir los ojos de los ciegos?». [22] Ya era invierno, y Jesús estaba en Jerusalén durante el tiempo de Januká, el Festival de la Dedicación. [23] Se encontraba en el templo, caminando por la parte conocida como el pórtico de Salomón. [24] La gente lo rodeó y le preguntó: -¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo sin rodeos. [25] Jesús les contestó: -Yo ya les dije, y ustedes no me creen. La prueba es la obra que hago en nombre de mi Padre, [26] pero ustedes no me creen porque no son mis ovejas. [27] Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. [28] Les doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas, [29] porque mi Padre me las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano del Padre. [30] El Padre y yo somos uno. [31] Una vez más, la gente tomó piedras para matarlo. [32] Jesús dijo: -Bajo la dirección de mi Padre, he realizado muchas buenas acciones. ¿Por cuál de todas ellas me van a apedrear? [33] -No te apedreamos por ninguna buena acción, ¡sino por blasfemia! -contestaron-. Tú, un hombre común y corriente, afirmas ser Dios. [34] Jesús respondió: -En sus propias Escrituras está registrado que Dios les dijo a ciertos líderes del pueblo: "Yo digo que ustedes son dioses". [35] Y ustedes bien saben que las Escrituras no pueden ser modificadas. Así que, si a las personas que recibieron el mensaje de Dios se les llamó "dioses", [36] ¿por qué ustedes me acusan de blasfemar cuando digo: "Soy el Hijo de Dios"? Después de todo, el Padre me separó y me envió al mundo. [37] No me crean a menos que lleve a cabo las obras de mi Padre; [38] pero si hago su trabajo, entonces crean en las obras milagrosas que he hecho aunque no me crean a mí. Entonces sabrán y entenderán que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre. [39] Una vez más trataron de arrestarlo, pero él se escapó y los dejó. [40] Se fue al otro lado del río Jordán, cerca del lugar donde Juan bautizaba al principio, y se quedó un tiempo allí. [41] Y muchos lo siguieron. «Juan no hacía señales milagrosas -se comentaban unos a otros-, pero todo lo que dijo acerca de este hombre resultó ser cierto». [42] Y muchos de los que estaban allí creyeron en Jesús.
