John 6:1-71 NTV
[1] Después Jesús cruzó al otro lado del mar de Galilea, conocido también como el mar de Tiberias. [2] Una gran multitud siempre lo seguía a todas partes porque veía las señales milagrosas que hacía cuando sanaba a los enfermos. [3] Entonces Jesús subió a una colina y se sentó allí rodeado de sus discípulos. [4] (Ya era casi el tiempo de la celebración de la Pascua judía). [5] Enseguida Jesús vio que una gran multitud venía a su encuentro. Dirigiéndose a Felipe, le preguntó: -¿Dónde podemos comprar pan para alimentar a toda esta gente? [6] Lo estaba poniendo a prueba, porque Jesús ya sabía lo que iba a hacer. [7] Felipe contestó: -¡Aunque trabajáramos meses enteros, no tendríamos el dinero suficiente para alimentar a toda esta gente! [8] Entonces habló Andrés, el hermano de Simón Pedro: [9] «Aquí hay un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero de qué sirven ante esta enorme multitud?». [10] Jesús dijo: «Díganles a todos que se sienten». Así que todos se sentaron sobre la hierba, en las laderas. (Solo contando a los hombres sumaban alrededor de cinco mil). [11] Luego Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y los distribuyó entre la gente. Después hizo lo mismo con los pescados. Y todos comieron cuanto quisieron. [12] Una vez que quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: «Ahora junten lo que sobró, para que no se desperdicie nada». [13] Entonces ellos juntaron las sobras y llenaron doce canastos con los restos que la multitud había dejado después de comer de los cinco panes de cebada. [14] La gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, exclamó: «¡No hay duda de que es el Profeta que esperábamos!». [15] Cuando Jesús vio que estaban dispuestos a hacerlo rey a la fuerza, se escabulló hacia las colinas él solo. [16] Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del lago para esperarlo; [17] pero al ver que caía la noche y que Jesús aún no había vuelto, subieron a la barca y comenzaron a cruzar el lago rumbo a Capernaúm. [18] Poco después, se levantó un viento fuerte sobre ellos y el mar se agitó mucho. [19] Habían remado unos cinco o seis kilómetros cuando de pronto vieron a Jesús caminando sobre el agua en dirección a la barca. Estaban aterrados, [20] pero él exclamó: «No tengan miedo, ¡yo estoy aquí! ». [21] Entonces lo recibieron con entusiasmo en la barca, ¡y enseguida llegaron a su destino! [22] Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla del lago se dio cuenta de que los discípulos habían tomado la única barca y que Jesús no había ido con ellos. [23] Varias barcas de Tiberias arribaron cerca del lugar donde el Señor había bendecido el pan y la gente había comido. [24] Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y cruzaron el lago hasta Capernaúm para ir en busca de Jesús. [25] Lo encontraron al otro lado del lago y le preguntaron: -Rabí, ¿cuándo llegaste acá? [26] Jesús les contestó: -Les digo la verdad, ustedes quieren estar conmigo porque les di de comer, no porque hayan entendido las señales milagrosas. [27] No se preocupen tanto por las cosas que se echan a perder, tal como la comida. Pongan su energía en buscar la vida eterna que puede darles el Hijo del Hombre. Pues Dios Padre me ha dado su sello de aprobación. [28] -Nosotros también queremos realizar las obras de Dios -contestaron ellos-. ¿Qué debemos hacer? [29] Jesús les dijo: -La única obra que Dios quiere que hagan es que crean en quien él ha enviado. [30] -Si quieres que creamos en ti -le respondieron-, muéstranos una señal milagrosa. ¿Qué puedes hacer? [31] Después de todo, ¡nuestros antepasados comieron maná mientras andaban por el desierto! Las Escrituras dicen: "Moisés les dio de comer pan del cielo". [32] Jesús les respondió: -Les digo la verdad, no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, fue mi Padre. Y ahora él les ofrece el verdadero pan del cielo, [33] pues el verdadero pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo. [34] -Señor -le dijeron-, danos ese pan todos los días. [35] Jesús les respondió: -Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás. [36] Pero ustedes no han creído en mí, a pesar de que me han visto. [37] Sin embargo, los que el Padre me ha dado vendrán a mí, y jamás los rechazaré. [38] Pues he descendido del cielo para hacer la voluntad de Dios, quien me envió, no para hacer mi propia voluntad. [39] Y la voluntad de Dios es que yo no pierda ni a uno solo de todos los que él me dio, sino que los resucite, en el día final. [40] Pues la voluntad de mi Padre es que todos los que vean a su Hijo y crean en él tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día final. [41] Entonces la gente comenzó a murmurar en desacuerdo, porque él había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo». [42] Ellos se decían: «¿Acaso no es este Jesús, el hijo de José? Conocemos a su padre y a su madre. ¿Y ahora cómo puede decir: "Yo descendí del cielo"?». [43] Jesús les contestó: «Dejen de quejarse por lo que dije. [44] Pues nadie puede venir a mí a menos que me lo traiga el Padre, que me envió, y yo lo resucitaré en el día final. [45] Como dicen las Escrituras: "A todos les enseñará Dios". Todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a mí. [46] (No es que alguien haya visto al Padre; solamente yo lo he visto, el que Dios envió). [47] »Les digo la verdad, todo el que cree, tiene vida eterna. [48] ¡Sí, yo soy el pan de vida! [49] Sus antepasados comieron maná en el desierto, pero todos murieron, [50] sin embargo, el que coma el pan del cielo nunca morirá. [51] Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Todo el que coma de este pan vivirá para siempre; y este pan, que ofreceré para que el mundo viva, es mi carne». [52] Entonces la gente comenzó a discutir entre sí sobre lo que él quería decir. «¿Cómo puede este hombre darnos de comer su carne?», se preguntaban. [53] Por eso Jesús volvió a decir: «Les digo la verdad, a menos que coman la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre, no podrán tener vida eterna en ustedes; [54] pero todo el que coma mi carne y beba mi sangre tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. [55] Pues mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. [56] Todo el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Yo vivo gracias al Padre viviente que me envió; de igual manera, todo el que se alimente de mí vivirá gracias a mí. [58] Yo soy el pan verdadero que descendió del cielo. El que coma de este pan no morirá -como les pasó a sus antepasados a pesar de haber comido el maná- sino que vivirá para siempre». [59] Jesús dijo esas cosas mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm. [60] Muchos de sus discípulos decían: «Esto es muy difícil de entender. ¿Cómo puede alguien aceptarlo?». [61] Jesús estaba consciente de que sus discípulos se quejaban, así que les dijo: «¿Acaso esto los ofende? [62] ¿Qué pensarán, entonces, si ven al Hijo del Hombre ascender al cielo otra vez? [63] Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida, [64] pero algunos de ustedes no me creen». (Pues Jesús sabía, desde un principio, quiénes eran los que no creían y también quién lo traicionaría). [65] Entonces les dijo: «Por eso dije que nadie puede venir a mí a menos que el Padre me lo entregue». [66] A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de él y lo abandonaron. [67] Entonces Jesús, mirando a los Doce, les preguntó: -¿Ustedes también van a marcharse? [68] Simón Pedro le contestó: -Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna. [69] Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios. [70] Entonces Jesús dijo: -Yo los elegí a ustedes doce, pero hay uno de ustedes que es un diablo. [71] Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los doce, quien más tarde lo traicionaría.
