Joel 2:1-32 NTV
[1] ¡Toquen las trompetas en Jerusalén! ¡Den la alarma en mi monte santo! Que todos tiemblen de miedo porque está cerca el día del SEÑOR. [2] Es un día de oscuridad y penumbra, un día de nubes densas y sombras profundas. De repente, como el amanecer se extiende sobre las montañas, aparece un ejército grande y poderoso. Nunca antes se había visto algo semejante, ni volverá a verse jamás. [3] Fuego va delante del ejército y llamas detrás. Delante de ellos, la tierra se extiende tan hermosa como el jardín del Edén. Detrás solo queda desolación; nada escapa. [4] Parecen caballos; van a la carga como caballos de guerra. [5] Mírenlos saltar a lo largo de las cumbres. Escuchen el estruendo que producen, como el retumbar de carros de guerra, como el rugir del fuego que arrasa los campos de hierba seca o el despliegue de un poderoso ejército en batalla. [6] El miedo se apodera de la gente; cada rostro palidece de terror. [7] Los agresores marchan como guerreros y escalan los muros de la ciudad como soldados. Marchan hacia adelante, sin romper filas. [8] No se empujan unos a otros; cada uno se mueve en la posición exacta. Atraviesan las líneas de defensa sin perder la formación. [9] Irrumpen en la ciudad, corren a lo largo de sus muros. Se meten en todas las casas; como ladrones trepan por las ventanas. [10] La tierra tiembla mientras avanzan y los cielos se estremecen. El sol y la luna se oscurecen y las estrellas dejan de brillar. [11] El SEÑOR va a la cabeza de la columna; con un grito los guía. Este es su ejército poderoso y ellos siguen sus órdenes. El día del SEÑOR es algo imponente y pavoroso. ¿Quién lo podrá sobrevivir? [12] Por eso dice el SEÑOR: «Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto. [13] No se desgarren la ropa en su dolor sino desgarren sus corazones». Regresen al SEÑOR su Dios, porque él es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable. Está deseoso de desistir y no de castigar. [14] ¿Quién sabe? Quizá les suspenda el castigo y les envíe una bendición en vez de esta maldición. Quizá puedan ofrendar grano y vino al SEÑOR su Dios, como lo hacían antes. [15] ¡Toquen el cuerno de carnero en Jerusalén! Proclamen un tiempo de ayuno; convoquen al pueblo a una reunión solemne. [16] Reúnan a toda la gente: ancianos, niños y aun los bebés. Llamen al novio de su habitación y a la novia de su cuarto de espera. [17] Que los sacerdotes, quienes sirven en la presencia del SEÑOR, se levanten y lloren entre la entrada del templo y el altar. Que oren: «¡Perdona a tu pueblo, SEÑOR! No permitas que tu preciada posesión se convierta en objeto de burla. No dejes que lleguen a ser la burla de los extranjeros incrédulos que dicen: "¿Los ha abandonado el Dios de Israel?"». [18] Entonces el SEÑOR se compadecerá de su pueblo y guardará celosamente el honor de su tierra. [19] El SEÑOR responderá: «¡Miren!, les envío grano, vino nuevo y aceite de oliva, suficiente para satisfacer sus necesidades. Ya no serán objeto de burla entre las naciones vecinas. [20] Expulsaré a esos ejércitos que vienen del norte. Los enviaré a tierra árida y desolada. Los que van a la vanguardia serán arrojados al mar Muerto, y los de la retaguardia al Mediterráneo. El hedor de sus cuerpos en descomposición se elevará sobre la tierra». ¡Realmente el SEÑOR ha hecho grandes cosas! [21] No temas, oh tierra. Alégrate ahora y regocíjate porque el SEÑOR ha hecho grandes cosas. [22] No teman, animales del campo, porque pronto los pastos del desierto recobrarán su verdor. Los árboles volverán a colmarse de fruto; las higueras y las vides se llenarán una vez más. [23] ¡Alégrense, habitantes de Jerusalén! ¡Alégrense en el SEÑOR su Dios! Pues la lluvia que él envía demuestra su fidelidad. Volverán las lluvias de otoño, así como las de primavera. [24] El grano volverá a amontonarse en los campos de trillar y los lagares desbordarán de vino nuevo y aceite de oliva. [25] El SEÑOR dice: «Les devolveré lo que perdieron a causa del pulgón, el saltamontes, la langosta y la oruga. Fui yo quién envió ese gran ejército destructor en contra de ustedes. [26] Volverán a tener toda la comida que deseen y alabarán al SEÑOR su Dios, que hace esos milagros para ustedes. Nunca más mi pueblo será avergonzado. [27] Entonces sabrán que yo estoy en medio de mi pueblo Israel, que yo soy el SEÑOR su Dios, y que no hay otro. Nunca más mi pueblo será avergonzado. [28] »Entonces, después de hacer todas esas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes tendrán visiones. [29] En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los sirvientes, hombres y mujeres por igual. [30] Y haré maravillas en los cielos y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. [31] El sol se oscurecerá y la luna se pondrá roja como la sangre antes de que llegue el grande y terrible día del SEÑOR. [32] Pero todo el que invoque el nombre del SEÑOR será salvo; pues algunos que están en el monte Sión en Jerusalén escaparán, tal como el SEÑOR lo ha dicho. Estos se contarán entre los sobrevivientes a quienes el SEÑOR ha llamado.
