[1] Un día los miembros de la corte celestial llegaron nuevamente para presentarse delante del SEÑOR, y el Acusador, Satanás, vino con ellos. [2] El SEÑOR le preguntó: -¿De dónde vienes? Satanás contestó al SEÑOR: -He estado recorriendo la tierra, observando todo lo que ocurre. [3] Entonces el SEÑOR le preguntó a Satanás: -¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal. Además ha conservado su integridad a pesar de que tú me incitaste a que le hiciera daño sin ningún motivo. [4] Satanás respondió al SEÑOR: -¡Piel por piel! Cualquier hombre renunciaría a todo lo que tiene para salvar su vida. [5] Así que extiende tu mano y quítale la salud, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu propia cara! [6] -Muy bien, haz con él lo que quieras -dijo el SEÑOR a Satanás-, pero no le quites la vida. [7] Entonces Satanás salió de la presencia del SEÑOR e hirió a Job con terribles llagas en la piel, desde la cabeza hasta los pies. [8] Job, sentado entre cenizas, se rascaba con un trozo de teja. [9] Su esposa le dijo: «¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete». [10] Sin embargo, Job contestó: «Hablas como una mujer necia. ¿Aceptaremos solo las cosas buenas que vienen de la mano de Dios y nunca lo malo?». A pesar de todo, Job no dijo nada incorrecto. [11] Cuando tres de los amigos de Job se enteraron de la tragedia que había sufrido, viajaron juntos desde sus respectivos hogares para consolarlo y confortarlo. Sus nombres eran Elifaz, el temanita; Bildad, el suhita y Zofar, el naamatita. [12] Cuando vieron a Job de lejos, apenas lo reconocieron. Con fuertes lamentos, rasgaron sus vestidos y echaron polvo al aire sobre sus cabezas en señal de dolor. [13] Entonces, durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para expresarlo con palabras.