Hebreos 10:1-39 NTV

[1] El sistema antiguo bajo la ley de Moisés era solo una sombra -un tenue anticipo de las cosas buenas por venir- no las cosas buenas en sí mismas. Bajo aquel sistema se repetían los sacrificios una y otra vez, año tras año, pero nunca pudieron limpiar por completo a quienes venían a adorar. [2] Si los sacrificios hubieran podido limpiar por completo, entonces habrían dejado de ofrecerlos, porque los adoradores se habrían purificado una sola vez y para siempre, y habrían desaparecido los sentimientos de culpa. [3] Pero en realidad, esos sacrificios les recordaban sus pecados año tras año. [4] Pues no es posible que la sangre de los toros y las cabras quite los pecados. [5] Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: «No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. [6] No te agradaron las ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado. [7] Luego dije: "Aquí estoy, oh Dios; he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras"» . [8] Primero, Cristo dijo: «No quisiste sacrificios de animales, ni ofrendas por el pecado, ni ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado; tampoco te agradaron todas esas ofrendas» (aun cuando la ley de Moisés las exige). [9] Luego dijo: «Aquí estoy, he venido a hacer tu voluntad». Él anula el primer pacto para que el segundo entre en vigencia. [10] Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre. [11] Bajo el antiguo pacto, el sacerdote oficia de pie delante del altar día tras día, ofreciendo los mismos sacrificios una y otra vez, los cuales nunca pueden quitar los pecados; [12] pero nuestro Sumo Sacerdote se ofreció a sí mismo a Dios como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre. Luego se sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios. [13] Allí espera hasta que sus enemigos sean humillados y puestos por debajo de sus pies. [14] Pues mediante esa única ofrenda, él perfeccionó para siempre a los que está haciendo santos. [15] Y el Espíritu Santo también da testimonio de que es verdad, pues dice: [16] «Este es el nuevo pacto que haré con mi pueblo en aquel día, dice el SEÑOR: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente» . [17] Después dice: «Nunca más me acordaré de sus pecados y sus transgresiones» . [18] Y cuando los pecados han sido perdonados, ya no hace falta ofrecer más sacrificios. [19] Así que, amados hermanos, podemos entrar con valentía en el Lugar Santísimo del cielo por causa de la sangre de Jesús. [20] Por su muerte, Jesús abrió un nuevo camino -un camino que da vida- a través de la cortina al Lugar Santísimo. [21] Ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que gobierna la casa de Dios, [22] entremos directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y con plena confianza en él. Pues nuestra conciencia culpable ha sido rociada con la sangre de Cristo a fin de purificarnos, y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura. [23] Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa. [24] Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. [25] Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca. [26] Queridos amigos, si seguimos pecando a propósito después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ningún sacrificio que cubra esos pecados. [27] Solo queda la terrible expectativa del juicio de Dios y el fuego violento que consumirá a sus enemigos. [28] Pues todo el que rehusaba obedecer la ley de Moisés era ejecutado sin compasión por el testimonio de dos o tres testigos. [29] Piensen, pues, cuánto mayor será el castigo para quienes han pisoteado al Hijo de Dios y han considerado la sangre del pacto -la cual nos hizo santos- como si fuera algo vulgar e inmundo, y han insultado y despreciado al Espíritu Santo que nos trae la misericordia de Dios. [30] Pues conocemos al que dijo: «Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen» . También dijo: «El SEÑOR juzgará a su propio pueblo». [31] ¡Es algo aterrador caer en manos del Dios vivo! [32] Acuérdense de los primeros tiempos, cuando recién aprendían acerca de Cristo. Recuerden cómo permanecieron fieles aunque tuvieron que soportar terrible sufrimiento. [33] Algunas veces los ponían en ridículo públicamente y los golpeaban, otras veces ustedes ayudaban a los que pasaban por lo mismo. [34] Sufrieron junto con los que fueron metidos en la cárcel y, cuando a ustedes les quitaron todos sus bienes, lo aceptaron con alegría. Sabían que en el futuro les esperaban cosas mejores, que durarán para siempre. [35] Por lo tanto, no desechen la firme confianza que tienen en el Señor. ¡Tengan presente la gran recompensa que les traerá! [36] Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido. [37] «Pues, dentro de muy poco tiempo, Aquel que viene vendrá sin demorarse. [38] Mis justos vivirán por la fe. Pero no me complaceré con nadie que se aleje» . [39] Pero nosotros no somos de los que se apartan de Dios hacia su propia destrucción. Somos los fieles, y nuestras almas serán salvas.

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