Ezequiel 3:1-27 NTV
[1] La voz me dijo: «Hijo de hombre, come lo que te doy, ¡cómete este rollo! Luego ve y transmite el mensaje a los israelitas». [2] Así que abrí la boca y él me dio a comer el rollo. [3] «Llénate el estómago con esto», me dijo. Al comerlo, sentí un sabor tan dulce como la miel. [4] Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve a los israelitas y dales mis mensajes. [5] No te envío a un pueblo de extranjeros que habla un idioma que no comprendes. [6] No, no te envío a gente que habla un idioma extraño y difícil de entender. Si te enviara a esas personas, ¡ellas te escucharían! [7] ¡Pero los israelitas no te escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos son tercos y duros de corazón. [8] Sin embargo, mira, te he hecho tan obstinado y duro de corazón como ellos. [9] ¡Endurecí tu frente tanto como la roca más dura! Por lo tanto, no les tengas miedo ni te asustes con sus miradas furiosas, por muy rebeldes que sean». [10] Luego agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. [11] Después ve a tus compatriotas desterrados y diles: "¡Esto dice el SEÑOR Soberano!". Hazlo, te escuchen o no». [12] Luego el Espíritu me levantó y oí detrás de mí un fuerte ruido que retumbaba. (¡Alabada sea la gloria del SEÑOR en su lugar!). [13] Era el sonido de las alas de los seres vivientes al rozarse unas con otras y el retumbar de las ruedas debajo de ellos. [14] El Espíritu me levantó y me sacó de allí. Salí amargado y confundido, pero era fuerte el poder del SEÑOR sobre mí. [15] Luego llegué a la colonia de judíos desterrados en Tel-abib, junto al río Quebar. Estaba atónito y me quedé sentado entre ellos durante siete días. [16] Después de siete días, el SEÑOR me dio el siguiente mensaje: [17] «Hijo de hombre, te he puesto como centinela para Israel. Cada vez que recibas un mensaje mío, adviértele a la gente de inmediato. [18] Si les aviso a los perversos: "Ustedes están bajo pena de muerte", pero tú no les das la advertencia, ellos morirán en sus pecados; y yo te haré responsable de su muerte. [19] Si tú les adviertes, pero ellos se niegan a arrepentirse y siguen pecando, morirán en sus pecados; pero tú te habrás salvado porque me obedeciste. [20] »Si los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que pongo en su camino, morirán; y si tú no les adviertes, ellos morirán en sus pecados. No se recordará ninguno de sus actos de justicia y te haré responsable de la muerte de esas personas; [21] pero si les adviertes a los justos que no pequen y te hacen caso y no pecan, entonces vivirán, y tú también te habrás salvado». [22] Luego el SEÑOR puso su mano sobre mí y me dijo: «Levántate y sal al valle, y allí te hablaré». [23] Entonces me levanté y fui. Allí vi la gloria del SEÑOR, tal como la había visto en mi primera visión junto al río Quebar, y caí con el rostro en tierra. [24] Después el Espíritu entró en mí y me puso de pie. Me habló y me dijo: «Vete a tu casa y enciérrate. [25] Allí, hijo de hombre, te atarán con cuerdas, para que no puedas salir a estar con el pueblo. [26] Haré que la lengua se te pegue al paladar para que quedes mudo y no puedas reprenderlos, porque son rebeldes. [27] Sin embargo, cuando te dé un mensaje, te soltaré la lengua y te dejaré hablar. Entonces les dirás: "¡Esto dice el SEÑOR Soberano!". Los que quieran escuchar, escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.
