Efesios 4:1-32 NTV
[1] Por lo tanto, yo, prisionero por servir al Señor, les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados. [2] Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor. [3] Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz. [4] Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro. [5] Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, [6] un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos, en todos y vive por medio de todos. [7] No obstante, él nos ha dado a cada uno de nosotros un don especial mediante la generosidad de Cristo. [8] Por eso las Escrituras dicen: «Cuando ascendió a las alturas, se llevó a una multitud de cautivos y dio dones a su pueblo» . [9] Fíjense que dice «ascendió». Sin duda, eso significa que Cristo también descendió a este mundo inferior. [10] Y el que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, a fin de llenar la totalidad del universo con su presencia. [11] Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. [12] Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. [13] Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo. [14] Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad. [15] En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. [16] Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor. [17] Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios, porque ellos están irremediablemente confundidos. [18] Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él. [19] Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza. [20] Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo. [21] Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él, [22] desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. [23] En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. [24] Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo. [25] Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. [26] Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, [27] porque el enojo da lugar al diablo. [28] Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. [29] No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. [30] No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención. [31] Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. [32] Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
