2 Reyes 6:1-33 NTV
[1] Cierto día, el grupo de profetas fue a ver a Eliseo para decirle: -Como puedes ver, este lugar, donde nos reunimos contigo es demasiado pequeño. [2] Bajemos al río Jordán, donde hay bastantes troncos. Allí podemos construir un lugar para reunirnos. -Me parece bien -les dijo Eliseo-, vayan. [3] -Por favor, ven con nosotros -le dijo uno de ellos. -Está bien, iré -contestó él. [4] Entonces Eliseo fue con ellos. Una vez que llegaron al Jordán, comenzaron a talar árboles; [5] pero mientras uno de ellos cortaba un árbol, la cabeza de su hacha cayó al río. -¡Ay, señor! -gritó-. ¡Era un hacha prestada! [6] -¿Dónde cayó? -preguntó el hombre de Dios. Cuando le mostró el lugar, Eliseo cortó un palo y lo tiró al agua en ese mismo sitio. Entonces la cabeza del hacha salió a flote. [7] -Agárrala -le dijo Eliseo. Y el hombre extendió la mano y la tomó. [8] Cada vez que el rey de Aram entraba en guerra con Israel, consultaba con sus funcionarios y les decía: «Movilizaremos nuestras fuerzas en tal y tal lugar». [9] Sin embargo, de inmediato Eliseo, hombre de Dios, le advertía al rey de Israel: «No te acerques a ese lugar, porque allí los arameos piensan movilizar sus tropas». [10] Entonces el rey de Israel mandaba un aviso al lugar indicado por el hombre de Dios. Varias veces Eliseo le advirtió al rey para que estuviera alerta en esos lugares. [11] Esa situación disgustó mucho al rey de Aram y llamó a sus oficiales y les preguntó: -¿Quién de ustedes es el traidor? ¿Quién ha estado informándole al rey de Israel acerca de mis planes? [12] -No somos nosotros, mi señor el rey -respondió uno de los oficiales-. ¡Eliseo, el profeta de Israel, le comunica al rey de Israel hasta las palabras que usted dice en la intimidad de su alcoba! [13] -Vayan a averiguar dónde está -les ordenó el rey-, para mandar soldados a capturarlo. Luego le avisaron: «Eliseo está en Dotán». [14] Así que una noche, el rey de Aram envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad. [15] Al día siguiente, cuando el sirviente del hombre de Dios se levantó temprano y salió, había tropas, caballos y carros de guerra por todos lados. -¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? -gritó el joven a Eliseo. [16] -¡No tengas miedo! -le dijo Eliseo-. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos! [17] Entonces Eliseo oró: «Oh SEÑOR, ¡abre los ojos de este joven para que vea!». Así que el SEÑOR abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego. [18] Cuando el ejército arameo avanzó hacia él, Eliseo rogó: «Oh SEÑOR, haz que ellos queden ciegos». Entonces el SEÑOR los hirió con ceguera, tal como Eliseo había pedido. [19] Luego Eliseo salió y les dijo: «¡Ustedes vinieron por el camino equivocado! ¡Esta no es la ciudad correcta! Síganme y los llevaré a donde está el hombre que buscan», y los guió a la ciudad de Samaria. [20] Apenas entraron en Samaria, Eliseo pidió en oración: «Oh SEÑOR, ahora ábreles los ojos para que vean». Entonces el SEÑOR les abrió los ojos, y se dieron cuenta de que estaban en el centro de la ciudad de Samaria. [21] Cuando el rey de Israel los vio, gritó a Eliseo: -¿Los mato, padre mío, los mato? [22] -¡Claro que no! -contestó Eliseo-. ¿Acaso matamos a los prisioneros de guerra? Dales de comer y de beber, y mándalos de regreso a su casa, con su amo. [23] Entonces el rey hizo un gran banquete para ellos y luego los mandó de regreso a su amo. Después de este incidente, los saqueadores arameos se mantuvieron lejos de la tierra de Israel. [24] Sin embargo, tiempo después, el rey de Aram reunió a todo su ejército y sitió Samaria. [25] Como consecuencia, hubo mucha hambre en la ciudad. Estuvo sitiada por tanto tiempo que la cabeza de un burro se vendía por ochenta piezas de plata, y trescientos mililitros de estiércol de paloma se vendía por cinco piezas de plata. [26] Cierto día, mientras el rey de Israel caminaba por la muralla de la ciudad, una mujer lo llamó: -¡Mi señor el rey, por favor, ayúdeme! -le dijo. [27] Él le respondió: -Si el SEÑOR no te ayuda, ¿qué puedo hacer yo? No tengo comida en el granero ni vino en la prensa para darte. [28] Pero después el rey le preguntó: -¿Qué te pasa? Ella contestó: -Esta mujer me dijo: "Mira, comámonos a tu hijo hoy y mañana nos comeremos al mío". [29] Entonces cocinamos a mi hijo y nos lo comimos. Al día siguiente, yo le dije: "Mata a tu hijo para que nos lo comamos", pero ella lo había escondido. [30] Cuando el rey oyó esto, rasgó sus vestiduras en señal de desesperación; y como seguía caminando por la muralla, la gente pudo ver que debajo del manto real tenía tela áspera puesta directamente sobre la piel. [31] Entonces el rey juró: «Que Dios me castigue y aun me mate si hoy mismo no separo la cabeza de Eliseo de sus hombros». [32] Eliseo estaba sentado en su casa con los ancianos de Israel cuando el rey mandó a un mensajero a llamarlo; pero antes de que llegara el mensajero, Eliseo dijo a los ancianos: «Un asesino ya mandó a un hombre a cortarme la cabeza. Cuando llegue, cierren la puerta y déjenlo afuera. Pronto oiremos los pasos de su amo detrás de él». [33] Mientras Eliseo decía esto, el mensajero llegó, y el rey dijo: -¡Todo este sufrimiento viene del SEÑOR! ¿Por qué seguiré esperando al SEÑOR?
