2 Reyes 12:1-21 NTV
[1] Joás comenzó a gobernar Judá durante el séptimo año del reinado de Jehú en Israel y reinó en Jerusalén cuarenta años. Su madre se llamaba Sibia y era de Beerseba. [2] Durante toda su vida Joás hizo lo que era agradable a los ojos del SEÑOR porque el sacerdote Joiada lo aconsejaba; [3] pero aun así, no destruyó los santuarios paganos, y la gente seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso allí. [4] Cierto día, el rey Joás dijo a los sacerdotes: «Recojan todo el dinero que se traiga como ofrenda sagrada al templo del SEÑOR, ya sea el pago de una cuota, el de los votos o una ofrenda voluntaria. [5] Los sacerdotes tomarán de este dinero para pagar cualquier reparación que haya que hacer en el templo». [6] Sin embargo, en el año veintitrés del reinado de Joás, los sacerdotes aún no habían reparado el templo. [7] Entonces el rey Joás mandó llamar a Joiada y a los demás sacerdotes y les preguntó: «¿Por qué no han reparado el templo? Ya no tomen más dinero para sus propias necesidades. De ahora en adelante, todo debe usarse en la reparación del templo». [8] Así que los sacerdotes acordaron no aceptar más dinero de la gente y también estuvieron de acuerdo en que otros tomaran la responsabilidad de reparar el templo. [9] Luego el sacerdote Joiada tomó un cofre grande, le hizo un agujero en la tapa y lo puso al lado derecho del altar, en la entrada del templo del SEÑOR. Los sacerdotes que cuidaban la entrada ponían dentro del cofre todas las contribuciones de la gente. [10] Cada vez que el cofre se llenaba, el secretario de la corte y el sumo sacerdote contaban el dinero que la gente había traído al templo del SEÑOR y después lo metían en bolsas. [11] Luego entregaban el dinero a los supervisores de la construcción, quienes a su vez lo usaban para pagarle a la gente que trabajaba en el templo del SEÑOR: los carpinteros, los constructores, [12] los albañiles y los picapedreros. También utilizaron el dinero para comprar la madera y la piedra labrada necesarias para reparar el templo del SEÑOR, y pagaron todo tipo de gasto relacionado con la restauración del templo. [13] El dinero que se traía al templo no se usó para hacer copas de plata ni despabiladeras, tazones, trompetas ni otros objetos de oro o de plata para el templo del SEÑOR. [14] Se asignó a los trabajadores, quienes lo utilizaron para hacer las reparaciones del templo. [15] No fue necesario pedir cuentas de este dinero a los supervisores de la construcción, porque eran hombres honestos y dignos de confianza. [16] Sin embargo, el dinero que se recibió de ofrendas por la culpa y de ofrendas por el pecado no se llevó al templo del SEÑOR. Se le entregó a los sacerdotes para su uso personal. [17] En esos días, el rey Hazael de Aram entró en guerra contra Gat y la tomó. Luego se dirigió a atacar Jerusalén. [18] Entonces el rey Joás recogió todos los objetos sagrados que Josafat, Yoram y Ocozías -los reyes anteriores de Judá- habían dedicado junto con los que él mismo había dedicado. Después le envió todo a Hazael, junto con el oro que había en los tesoros del templo del SEÑOR y en el palacio real. Como resultado, Hazael suspendió su ataque a Jerusalén. [19] Los demás acontecimientos del reinado de Joás y todo lo que hizo están registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá. [20] Ahora bien, los funcionarios de Joás conspiraron contra él y lo asesinaron en Bet-milo, rumbo a Sila. [21] Los asesinos eran consejeros de confianza: Josacar, hijo de Simeat, y Jozabad, hijo de Somer. Joás fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David. Luego su hijo Amasías lo sucedió en el trono.
