[1] David fue a la ciudad de Nob para ver al sacerdote Ahimelec. Cuando Ahimelec lo vio, se puso a temblar. -¿Por qué estás solo? -le preguntó-. ¿Por qué nadie te acompaña? [2] -El rey me envió en un asunto privado -dijo David-. Me pidió que no le contara a nadie por qué estoy aquí. Les dije a mis hombres dónde buscarme después. [3] Ahora bien, ¿qué hay de comer? Dame cinco panes o cualquier otra cosa que tengas. [4] -No tenemos nada de pan común -respondió el sacerdote-. Pero aquí está el pan sagrado, el cual pueden comer si tus jóvenes no se han acostado con alguna mujer recientemente. [5] -No te preocupes -le aseguró David-. Nunca permito que mis hombres estén con mujeres cuando estamos en plena campaña. Y ya que se mantienen limpios, aun durante misiones normales, ¡cuánto más en esta! [6] Como no había otro alimento disponible, el sacerdote le dio el pan sagrado: el pan de la Presencia que se ponía delante del SEÑOR en el tabernáculo. Justo en ese día había sido reemplazado por pan recién horneado. [7] Aquel día estaba allí Doeg el edomita, jefe de los pastores de Saúl, que había sido detenido delante del SEÑOR. [8] David le preguntó a Ahimelec: -¿Tienes una lanza o una espada? El asunto del rey era tan urgente que ¡ni siquiera me dio tiempo de tomar un arma! [9] -Solo tengo la espada de Goliat el filisteo, a quien tú mataste en el valle de Ela -le contestó el sacerdote-. Está envuelta en una tela detrás del efod. Tómala si quieres, porque es la única que tengo. -¡Esta espada es sin igual -respondió David-, dámela! [10] Entonces David escapó de Saúl y fue donde el rey Aquis de Gat. [11] Pero a los oficiales de Aquis no les agradaba que David estuviera allí. «¿No es este David, el rey de la tierra? -preguntaron-. ¿No es este a quien el pueblo honra con danzas, y canta: "Saúl mató a sus miles, y David, a sus diez miles"?». [12] David oyó esos comentarios y tuvo mucho miedo de lo que el rey Aquis de Gat pudiera hacer con él. [13] Así que se hizo pasar por loco, arañando las puertas y dejando que la saliva escurriera por su barba. [14] Finalmente, el rey Aquis le dijo a sus hombres: -¿Tienen que traerme a un loco? [15] ¡Ya tenemos suficientes de ellos aquí! ¿Por qué habría de permitir que alguien como él sea huésped en mi casa?