1 Samuel 2:1-36 NTV
[1] Luego Ana oró: «¡Mi corazón se alegra en el SEÑOR! El SEÑOR me ha fortalecido. Ahora tengo una respuesta para mis enemigos; me alegro porque tú me rescataste. [2] ¡Nadie es santo como el SEÑOR! Aparte de ti, no hay nadie; no hay Roca como nuestro Dios. [3] »¡Dejen de ser tan orgullosos y altaneros! ¡No hablen con tanta arrogancia! Pues el SEÑOR es un Dios que sabe lo que han hecho; él juzgará sus acciones. [4] El arco de los poderosos está quebrado, y los que tropezaban ahora son fuertes. [5] Los que estaban bien alimentados ahora tienen hambre, y los que se morían de hambre ahora están saciados. La mujer que no podía tener hijos ahora tiene siete, y la mujer con muchos hijos se consume. [6] El SEÑOR da tanto la muerte como la vida; a unos baja a la tumba y a otros levanta. [7] El SEÑOR hace a algunos pobres y a otros ricos; a unos derriba y a otros levanta. [8] Él levanta al pobre del polvo y al necesitado del basurero. Los pone entre los príncipes y los coloca en los asientos de honor. Pues toda la tierra pertenece al SEÑOR, y él puso en orden el mundo. [9] »Él protegerá a sus fieles, pero los perversos desaparecerán en la oscuridad. Nadie tendrá éxito solamente por la fuerza. [10] Los que pelean contra el SEÑOR, serán destrozados. Él retumba contra ellos desde el cielo; el SEÑOR juzga en toda la tierra. Él da poder a su rey; aumenta la fuerza de su ungido». [11] Después Elcana regresó a su casa en Ramá sin Samuel, y el niño servía al SEÑOR como ayudante del sacerdote Elí. [12] Ahora bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al SEÑOR [13] ni a sus obligaciones sacerdotales. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, los hijos de Elí enviaban a un sirviente con un tenedor grande de tres dientes. Mientras la carne del animal sacrificado aún se cocía, [14] el sirviente metía el tenedor en la olla y exigía que todo lo que sacara con el tenedor fuera entregado a los hijos de Elí. Así trataban a todos los israelitas que llegaban a Silo para adorar. [15] Algunas veces el sirviente llegaba aun antes de que la grasa del animal fuera quemada sobre el altar. Exigía carne cruda antes de que hubiera sido cocida, para poder asarla. [16] Si el hombre que ofrecía el sacrificio respondía: «Toma toda la que quieras, pero solo después de quemarse la grasa», el sirviente insistía: «No, dámela ahora o la tomaré por la fuerza». [17] Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del SEÑOR, porque trataban las ofrendas del SEÑOR con desprecio. [18] Pero Samuel, aunque era solo un niño, servía al SEÑOR; vestía una túnica de lino como la del sacerdote. [19] Cada año su madre le hacía un pequeño abrigo y se lo llevaba cuando iba con su esposo para el sacrificio. [20] Antes de que ellos regresaran a su casa, Elí bendecía a Elcana y a su esposa diciendo: «Que el SEÑOR les dé otros hijos para que tomen el lugar de este que ella entregó al SEÑOR ». [21] Entonces el SEÑOR bendijo a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Entre tanto, Samuel crecía en la presencia del SEÑOR. [22] Ahora bien, Elí era muy viejo, pero estaba consciente de lo que sus hijos le hacían al pueblo de Israel. Por ejemplo, sabía que sus hijos seducían a las jóvenes que ayudaban a la entrada del tabernáculo. [23] Elí les dijo: «He oído lo que la gente dice acerca de las cosas perversas que ustedes hacen. ¿Por qué siguen pecando? [24] ¡Basta, hijos míos! Los comentarios que escucho del pueblo del SEÑOR no son buenos. [25] Si alguien peca contra otra persona, Dios puede mediar por el culpable. Pero si alguien peca contra el SEÑOR, ¿quién podrá interceder?». Sin embargo, los hijos de Elí no hicieron caso a su padre, porque el SEÑOR ya había decidido quitarles la vida. [26] Mientras tanto, el niño Samuel crecía en estatura física y en el favor del SEÑOR y en el de toda la gente. [27] Cierto día un hombre de Dios vino a Elí y le dio el siguiente mensaje del SEÑOR: «Yo me revelé a tus antepasados cuando eran esclavos del faraón en Egipto. [28] Elegí a tu antepasado Aarón de entre todas las tribus de Israel para que fuera mi sacerdote, ofreciera sacrificios sobre mi altar, quemara incienso y vistiera el chaleco sacerdotal, cuando me servía. Y les asigné las ofrendas de los sacrificios a ustedes, los sacerdotes. [29] Entonces, ¿por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel! [30] »Por lo tanto, el SEÑOR, Dios de Israel, dice: prometí que los de tu rama de la tribu de Leví me servirían siempre como sacerdotes. Sin embargo, honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian. [31] Llegará el tiempo cuando pondré fin a tu familia para que ya no me sirva en el sacerdocio. Todos los miembros de tu familia morirán antes de tiempo; ninguno llegará a viejo. [32] Con envidia mirarás cuando derrame prosperidad sobre el pueblo de Israel, pero ningún miembro de tu familia jamás cumplirá sus días. [33] Los pocos que no sean excluidos de servir en mi altar sobrevivirán, pero solamente para que sus ojos queden ciegos y se les rompa el corazón, y sus hijos morirán de muerte violenta. [34] Y para comprobar que lo que dije se hará realidad, ¡haré que tus dos hijos, Ofni y Finees, mueran el mismo día! [35] »Entonces levantaré a un sacerdote fiel, quien me servirá y hará lo que yo deseo. Estableceré para él una descendencia duradera, y ellos serán por siempre sacerdotes para mis reyes ungidos. [36] Así pues, todos los que sobrevivan de tu familia se inclinarán ante él, mendigando dinero y comida. Dirán: "Le rogamos que nos dé trabajo entre los sacerdotes para que tengamos suficiente para comer"».
