1 Reyes 20:1-43 NTV
[1] Por ese tiempo, Ben-adad, rey de Aram, movilizó a su ejército con el apoyo de treinta y dos reyes aliados, sus carros de guerra y sus caballos. Sitiaron Samaria, la capital de Israel, y lanzaron ataques contra la ciudad. [2] Ben-adad envió mensajeros a la ciudad para que transmitieran el siguiente mensaje al rey Acab de Israel: «Ben-adad dice: [3] "¡Tu plata y tu oro son míos, igual que tus esposas y tus mejores hijos!"». [4] «Está bien, mi señor el rey -respondió el rey de Israel-. ¡Todo lo que tengo es tuyo!». [5] Pronto los mensajeros de Ben-adad regresaron y dijeron: «Ben-adad dice: "Ya te he exigido que me des tu plata, tu oro, tus esposas y tus hijos; [6] pero mañana a esta hora, enviaré a mis funcionarios a registrar tu palacio y las casas de tus funcionarios. ¡Se llevarán todo lo que más valoras!"». [7] Entonces Acab mandó llamar a todos los ancianos del reino y les dijo: -¡Miren cómo este hombre está causando problemas! Ya accedí a su exigencia de darle mis esposas, mis hijos, mi plata y mi oro. [8] -No cedas ante ninguna otra de sus exigencias -le aconsejaron todos los ancianos y todo el pueblo. [9] Así que Acab dijo a los mensajeros de Ben-adad: «Díganle esto a mi señor el rey: "Te daré todo lo que pediste la primera vez, pero no puedo aceptar tu última exigencia"». Entonces los mensajeros le llevaron la respuesta a Ben-adad. [10] Con eso Ben-adad le envió otro mensaje a Acab, que decía: «Que los dioses me hieran e incluso me maten si de Samaria queda polvo suficiente para darle un puñado a cada uno de mis soldados». [11] El rey de Israel le envió esta respuesta: «Un guerrero que está preparándose con su espada para salir a pelear no debería presumir como un guerrero que ya ganó». [12] Ben-adad y los otros reyes recibieron la respuesta de Acab mientras bebían en sus carpas. «¡Prepárense para atacar!», ordenó Ben-adad a sus oficiales. Entonces se prepararon para atacar la ciudad. [13] Entonces un profeta fue a ver a Acab, rey de Israel, y le dijo: -Esto dice el SEÑOR: "¿Ves todas esas fuerzas enemigas? Hoy las entregaré en tus manos. Así sabrás que yo soy el SEÑOR". [14] -¿Cómo lo hará? -preguntó Acab. El profeta contestó: -Esto dice el SEÑOR: "Lo harán las tropas de los comandantes provinciales". -¿Debemos atacar nosotros primero? -preguntó Acab. -Sí -contestó el profeta. [15] Entonces Acab reunió a las tropas de los doscientos treinta y dos comandantes de las provincias. Luego llamó al resto del ejército de Israel, unos siete mil hombres. [16] Cerca del mediodía, mientras Ben-adad y los treinta y dos reyes aliados aún estaban en sus carpas bebiendo hasta emborracharse, [17] el primer contingente, formado por las tropas de los comandantes provinciales, avanzó desde la ciudad. Mientras se acercaban, la patrulla de avanzada que había mandado Ben-adad le informó: -Unas tropas avanzan desde Samaria. [18] -Tráiganlos vivos -ordenó Ben-adad-, ya sea que vengan en son de paz o de guerra. [19] Ahora bien, los comandantes de las provincias de Acab junto con todo el ejército habían salido a pelear. [20] Cada soldado israelita mató a su oponente arameo, y de pronto todo el ejército arameo sintió pánico y huyó. Los israelitas persiguieron a los arameos, pero el rey Ben-adad y algunos de sus conductores de carros escaparon a caballo. [21] Sin embargo, el rey de Israel destruyó el resto de los caballos y carros de guerra y masacró a los arameos. [22] Después el profeta le dijo al rey Acab: «Prepárate para otro ataque; empieza a planificar desde ahora, porque el rey de Aram regresará la próxima primavera ». [23] Después de la derrota, los oficiales de Ben-adad le dijeron: «Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas, por eso ganaron; pero podemos vencerlos fácilmente en las llanuras. [24] ¡Solo que esta vez reemplaza a los reyes con generales! [25] Recluta otro ejército como el que perdiste. Consíguenos la misma cantidad de caballos, carros de guerra y hombres, y nosotros pelearemos contra los israelitas en las llanuras. Sin duda los venceremos». Así que el rey Ben-adad hizo lo que ellos le sugirieron. [26] La primavera siguiente, llamó al ejército arameo y avanzó contra Israel, pero esta vez en Afec. [27] Entonces Israel reunió a su ejército, montó líneas de abastecimiento y salió a pelear. Pero el ejército de Israel parecía dos pequeños rebaños de cabras en comparación con el inmenso ejército arameo, ¡que llenaba la campiña! [28] Entonces el hombre de Dios fue a ver al rey de Israel y le dijo: «Esto dice el SEÑOR: "Los arameos han dicho: 'El SEÑOR es un dios de las montañas y no de las llanuras'. Así que derrotaré a este gran ejército por ti. Entonces sabrás que yo soy el SEÑOR"». [29] Los dos ejércitos acamparon, uno frente al otro, durante siete días. El séptimo día comenzó la batalla. En un solo día los israelitas mataron a cien mil soldados arameos de infantería. [30] El resto huyó a la ciudad de Afec, pero la muralla les cayó encima y mató a otros veintisiete mil de ellos. Ben-adad huyó a la ciudad y se escondió en un cuarto secreto. [31] Los oficiales de Ben-adad le dijeron: «Hemos oído, señor, que los reyes de Israel son compasivos. Entonces pongámonos tela áspera alrededor de la cintura y sogas en la cabeza en señal de humillación, y rindámonos ante el rey de Israel. Tal vez así le perdone la vida». [32] Entonces se pusieron tela áspera y sogas, y fueron a ver al rey de Israel, a quien le suplicaron: -Su siervo Ben-adad dice: "Le ruego que me perdone la vida". El rey de Israel respondió: -¿Todavía vive? ¡Él es mi hermano! [33] Los hombres tomaron la respuesta como una buena señal y, aprovechando esas palabras, enseguida le respondieron: -¡Sí, su hermano Ben-adad! -¡Vayan a traerlo! -les dijo el rey de Israel. Cuando Ben-adad llegó, Acab lo invitó a subir a su carro de guerra. [34] Ben-adad le dijo: -Te devolveré las ciudades que mi padre le quitó a tu padre, y puedes establecer lugares de comercio en Damasco, como hizo mi padre en Samaria. Entonces Acab le dijo: -Te dejaré en libertad con estas condiciones. Así que hicieron un nuevo tratado y Ben-adad quedó en libertad. [35] Mientras tanto, el SEÑOR le ordenó a un miembro del grupo de profetas que le dijera a otro: «¡Golpéame!»; pero el hombre se negó a golpearlo. [36] Entonces el profeta le dijo: «Como no obedeciste la voz del SEÑOR, un león te matará apenas te separes de mí». Cuando el hombre se fue, sucedió que un león lo atacó y lo mató. [37] Luego el profeta se dirigió a otro hombre y le dijo: «¡Golpéame!». Así que el hombre lo golpeó y lo hirió. [38] El profeta se puso una venda en los ojos para que no lo reconocieran y se quedó junto al camino, esperando al rey. [39] Cuando el rey pasó, el profeta lo llamó: -Señor, yo estaba en lo más reñido de la batalla, cuando de pronto un hombre me trajo un prisionero y me dijo: "Vigila a este hombre; si por alguna razón se te escapa, ¡pagarás con tu vida o con una multa de treinta y cuatro kilos de plata!"; [40] pero mientras yo estaba ocupado en otras cosas, ¡el prisionero desapareció! -Bueno, fue tu culpa -respondió el rey-. Tú mismo has firmado tu propia sentencia. [41] Enseguida el profeta se quitó la venda de los ojos, y el rey lo reconoció como uno de los profetas. [42] El profeta le dijo: -Esto dice el SEÑOR: "Por haberle perdonado la vida al hombre que yo dije que había que destruir ahora tú morirás en su lugar, y tu pueblo morirá en lugar de su pueblo". [43] Entonces el rey de Israel volvió a su casa en Samaria, enojado y de mal humor.
