John 19 - Biblia de Estudio MacArthur

19:1 azotó. Al parecer, Pilato azotó a Jesús como parte de una estrategia suya para dejarlo en libertad (vea los vv. 4–6). Esperaba así que los judíos fueran apaciguados y que la lástima ante el sufrimiento de Jesús despertara en el pueblo el deseo de pedir que lo soltaran (vea Lc. 23:13–16). El azotamiento era un acto horrible y cruel en el que la víctima era despojada de toda su ropa, atada a un poste y flagelada por varios verdugos, que en este caso fueron soldados turnados entre sí cada vez que se cansaban de azotar. Para víctimas que no fueran ciudadanos romanos, el instrumento predilecto era una empuñadura de madera de la cual colgaban varias tiras de cuero que en la punta tenían pedazos de metal o hueso. La flagelación era tan salvaje que muchas víctimas morían. El cuerpo era despedazado o lacerado a tal extremo que hasta músculos, venas y huesos podían quedar expuestos. Esta clase de azotamiento precedía con frecuencia a la ejecución con el fin de debilitar y degradar a la víctima, a tal punto que en muchos casos le despojaba de toda dignidad humana (Is. 53:5). Sin embargo, parece que a Pilato se le ocurrió esto para despertar simpatía por Jesús.
19:2 corona de espinas. Esta “corona” se elaboró con ramas puntiagudas de hasta 30 cm de largo pertenecientes a alguna palma datilera. Con ellas hicieron una especie de imitación de las coronas radiantes que portaban los reyes orientales. Las espinas atravesaron la cabeza de Jesús y contribuyeron a aumentar el dolor y el desangre. manto de púrpura. Este color era representativo de la realeza. Podía tratarse de una túnica militar que se puso sobre los hombros de Jesús con la intención de hacer mofa de sus declaraciones acerca de ser el Rey de los judíos.
19:4 ningún delito hallo en él. Vea la nota sobre 18:38.
19:5 ¡He aquí el hombre! Pilato hizo una presentación dramática de Jesús después del trato cruento que recibió a manos de los soldados. Jesús tendría en ese momento un aspecto hinchado, molido y ensangrentado. Pilato mostró a Jesús como una figura apaleada y lastimera con la esperanza de inclinar la opinión de las personas hacia soltar a Jesús. La frase de Pilato está llena de sarcasmo porque él quiso demostrar a las autoridades judías que Jesús no era un malhechor peligroso como le habían dado a entender.
19:6 Tomadle vosotros, y crucificadle. Aquí puede notarse el asco y la indignación de Pilato ante el encarnizamiento de los judíos hacia Jesús.
19:7 Nosotros tenemos una ley. Es una referencia probable a Levítico 24:16: “el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto”. La acusación de blasfemia (5:18; 8:58, 59; 10:33, 36) fue un elemento central en el juicio de Jesús ante Caifás (vea Mt. 26:57–68).
19:8 más miedo. Muchos oficiales romanos eran supersticiosos en extremo. Mientras los judíos interpretaron las afirmaciones de Jesús como mesiánicas, para una persona con mentalidad grecorromana el título “Hijo de Dios” pondría a Jesús en la categoría de “hombres divinos” que estaban dotados de poderes sobrenaturales. Pilato tuvo miedo porque había acabado de azotar y torturar a un hombre que, según su manera de pensar, podía someterlo a algún tipo de maldición o venganza.
19:9 ¿De dónde eres tú? Pilato mostró cierto interés en los orígenes de Jesús. Su mente supersticiosa se preguntaba con qué clase de persona se había metido.
19:11 Esta declaración de Jesús indica que ni siquiera la peor maldad imaginable se escapa de la soberanía de Dios. Pilato no tenía control real de la situación (vv. 10, 11) pero no dejó nunca de ser un agente moral y responsable de sus propias acciones. Al ser confrontado con oposición y maldad, Jesús halló consuelo varias veces en la soberanía de su Padre (p. ej. 6:43, 44, 65; 10:18, 28, 29). el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Esto podría referirse por igual a Judas o a Caifás. En vista de que Caifás tuvo una participación tan activa en el complot contra Jesús (11:49–53) y presidió sobre el sanedrín, la referencia puede aplicarse más que todo a él (18:30, 35). El punto crítico no es la identidad de la persona, sino la culpabilidad correspondiente a un acto deliberado, frío y calculado como entregar Jesús a Pilato con acusaciones falsas, después de haber visto y oído evidencias abrumadoras en el sentido de que Él era el Mesías y el Hijo de Dios. Pilato no había hecho algo así. Vea las notas sobre 9:41; 15:22–24; He. 10:26–31.
19:12 no eres amigo de César. Esta declaración por parte de los judíos está cargada de ironía, porque el odio de los judíos hacia Roma indicaba que ellos también estaban muy lejos de ser amigos de César. No obstante, sabían que Pilato temía a Tiberio César (el emperador romano en el tiempo de la crucifixión de Jesús), ya que era conocido por sospechar de todos y castigar sin clemencia. Pilato ya había creado algunas revueltas en Palestina con ciertos actos imprudentes que encolerizaron a los judíos, así que estaba bajo el escrutinio de Roma para asegurar que hubiera corregido su ineptitud. Los judíos le intimidaron con amenazas de otra revuelta que significaría el fin de su poder en Palestina, si decidía abstenerse de ejecutar a Jesús.
19:13 el tribunal. Pilato cedió bajo la presión judía (v. 12) y se preparó a emitir juicio sobre la acusación original de insurrección contra Roma. Este “tribunal” se refiere al lugar donde Pilato se sentó para dar el veredicto oficial. Era como una silla colocada en un área cubierta con piedras conocida como “el Enlosado”. La ironía es que Pilato pronunció juicio sobre aquel a quien el Padre mismo dio todo el juicio (5:22) y quien habría de pronunciar el justo juicio de condena para Pilato.
19:14 preparación de la pascua. Como esto se refiere al día antes de la Pascua en el que se realizaban los preparativos para la Pascua, Juan presenta a Jesús como si fuera enviado a su ejecución a la misma hora en la que los corderos de pascua eran sacrificados. Sobre la cronología de esta semana, vea la Introducción: Retos de interpretación. como la hora sexta. Juan cuenta aquí el tiempo conforme al método romano en el que el día comenzaba a la medianoche. Vea la nota sobre Marcos 15:25. ¡He aquí vuestro Rey! Pilato se burló de los judíos al sugerir la clase de rey que se merecían, un hombre indefenso y desahuciado. Esa burla se expresó también en el título que mandó poner sobre la cruz (vv. 19–22).
19:17 cargando su cruz. Esto se refiere al travesaño horizontal de la cruz. El hombre condenado lo llevaba atado a sus hombros hasta el lugar de su ejecución. Jesús cargó su cruz hasta la puerta de la ciudad, pero debido a los efectos de la flagelación brutal a la que fue sometido, un hombre llamado Simón de Cirene tuvo que llevarla por Él (Mt. 27:32; Mr. 15:21; Lc. 23:26). Gólgota. Este término es la transliteración griega de una palabra aramea que significa “calavera”. Es probable que ese sitio derivara su nombre del aspecto que tenía, pero su ubicación exacta es incierta en la actualidad.
19:18 le crucificaron. Hicieron que Jesús se acostara en el suelo mientras sus brazos eran extendidos y clavados al madero horizontal que había traído desde el Enlosado. Se acostumbraba levantar el madero de inmediato con la víctima adherida a él, y empalmarlo al madero vertical. Sus pies fueron clavados al travesaño vertical que en algunos casos tenía n pedazo de madera que servía como una especie de base para soportar en parte el peso del cuerpo. No obstante, el propósito de tal instrumento era prolongar e intensificar la agonía, no aliviarla. Tras haber sido desvestido y apaleado, Jesús podía quedar colgado en el sol ardiente durante varias horas y hasta varios días. Para respirar era necesario empujar con las piernas y contraer los brazos, lo cual generaba un dolor desgarrador. Espasmos musculares agobiantes sacudían todo el cuerpo, pero como la falta de movimiento aceleraba la asfixia, la lucha angustiosa e instintiva por la vida proseguía (vea la nota sobre Mt. 27:31). otros dos. En Mateo 27:38 y Lucas 23:33 son descritos con la misma palabra que Juan utilizó al mencionar a Barrabás, es decir, guerrilleros insurrectos. Vea la nota sobre 18:40.
19:19–22 Escribió… un título. Como parte de estas ejecuciones, se acostumbraba atar una tabla con el texto de la sentencia en el cuello de la víctima durante su recorrido hasta el sitio de la ejecución. Después se clavaba esa tabla a la cruz de la víctima (vea Mt. 27:37; Mr. 15:26; Lc. 23:38). Pilato aprovechó la oportunidad para vengarse con mofa de los judíos que tanto le intimidaron para acceder a esta ejecución (vea la nota sobre el v. 12).
19:23 sus vestidos… también su túnica. Por costumbre, la ropa de la persona condenada era propiedad de los verdugos. La división de los vestidos indica que la escuadrilla de ejecución estaba compuesta por cuatro soldados (cp. Hch. 12:4). La túnica era la parte de la vestimenta que se mantenía en contacto con la piel. El plural “vestidos” se refiere a artículos como el manto exterior, correa, sandalias y turbante.
19:24 Juan cita el Salmo 22:18. En el salmo, David se sentía angustiado por dolencias físicas y el escarnio de sus opositores, por lo cual empleó símbolos correspondientes a una escena de ejecución, en la que el verdugo repartía los vestidos de la víctima. Esto ilustraba la profundidad de su desventura. Es importante advertir que David describió con exactitud una forma de ejecución que nunca había visto. El pasaje era una profecía tipológica de Jesús, el heredero de David al trono mesiánico (vea Mt. 27:46; Mr. 15:34).
19:25 Aunque el número exacto de mujeres que se menciona aquí es discutible, Juan se refiere a cuatro mujeres y no a tres, ya que solo incluye el nombre de dos de ellas: 1) “su madre” (María), 2) “la hermana de su madre” (pudo ser Salomé [Mr. 15:40] la hermana de María y madre de Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo [Mt. 27:56, 57; Mr. 15:40]), 3) “María mujer de Cleofas” (la madre de Jacobo el menor y José en Mt. 27:56) y 4) María Magdalena (esto alude a la aldea de Magdala sobre la costa occidental de Galilea, 4 o 5 km al N de Tiberias) María Magdalena es una figura prominente en la historia de la resurrección (vea 20:1–18; cp. Lc. 8:2, 3 donde Jesús la sanó tras liberarla de siete demonios).
19:26 al discípulo a quien él amaba. Esta es una referencia a Juan (vea la nota sobre 13:23; cp. la Introducción: Autor y fecha). Jesús, quien como primogénito se hizo responsable de asegurar el sustento de su familia antes de comenzar su ministerio, no cedió esa responsabilidad a sus hermanos porque ellos no simpatizaban con su ministerio ni creían en Él (7:3–5), y lo más probable es que no estuvieran presentes a la hora de su muerte (i. e. su hogar era en Capernaum, vea 2:12).
19:29 No debe confundirse con el “vinagre mezclado con hiel” que le ofrecieron en el camino a la cruz (Mt. 27:34) con el propósito de hacerlo insensible al dolor. La función de esta bebida (cp. Mr. 15:36) era prolongar la vida y aumentar la intensidad de la tortura y el dolor. Era el vino agrio y barato que los soldados utilizaban. Esta palabra evoca el Salmo 69:21 y en la Septuaginta es el mismo término griego. El hisopo es una planta pequeña que al secarse es ideal para rociar (vea Éx. 12:22).
19:30 Consumado es. Aquí el verbo comunica la idea de cumplir la tarea asignada, y en contexto religioso alude al cumplimiento perfecto de las obligaciones religiosas individuales (vea 17:4). Toda la obra de redención quedó completa en este punto. La palabra griega que se traduce con la frase “consumado es” se ha encontrado en papiros que se utilizaban en aquel tiempo como recibos de los impuestos para indicar que se había hecho un “pago total” de la deuda (vea Col. 3:13, 14). entregó el espíritu. Esta frase es la señal de que Jesús murió como un acto de su propia voluntad. Nadie le arrebató su vida porque Él la entregó de manera libre y voluntaria (vea 10:17, 18).
19:31 preparación de la pascua. Esto se refiere al viernes, el día antes o el “día de preparación” para el día de reposo. Vea la Introducción: Retos de interpretación. que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo. La práctica normal de los romanos era dejar a los crucificados en la cruz hasta que murieran, lo cual podría tardar días. Después dejaban que el cuerpo de las personas que habían sido crucificadas se descompusiera allí colgado y para que fuera devorado por aves de rapiña. La ley mosaica insistía en todo el que quedara colgado de un madero (por lo general después de su ejecución) no debía dejarse allí durante la noche, sino ser enterrado el mismo día (Dt. 21:22, 23). El ejecutado había quedado bajo la maldición de Dios, y dejarlo expuesto a la vista de todos sería percibido como una profanación por los habitantes de la tierra. que se les quebrasen las piernas. A fin de precipitar la muerte por alguna razón en particular, los soldados fracturaban las piernas de la víctima con un mazo de hierro. Esta acción brutal no solo producía traumatismo y pérdida adicional de sangre, sino que le impedía empujar con sus piernas para poder respirar (vea la nota sobre el v. 18), de tal modo que la víctima moría asfixiada.
19:34 La perforación que el soldado infligió en el costado de Jesús fue muy profunda en vista de la salida repentina de agua y sangre. Puede ser que la lanza traspasó el corazón de Jesús o que la cavidad torácica fue perforada en una sección inferior del diafragma. En cualquier caso, Juan mencionó el vertimiento de “sangre y agua” para hacer hincapié en el hecho indiscutible de que Jesús había muerto.
19:35 el que lo vio. Una referencia a Juan el apóstol quien fue testigo ocular de estos acontecimientos (v. 26; 13:23; 20:2; 21:7, 20; cp. 1 Jn. 1:1–4).
19:36, 37 Juan incluyó esta cita de Éxodo 12:46 o Números 9:12, donde se establece de manera específica que ningún hueso del cordero de pascua debía ser quebrado. Puesto que el NT presenta a Jesús como el Cordero de Pascua que quita el pecado del mundo (1:29; cp. 1 Co. 5:7; 1 P. 1:19), estos versículos tienen un significado profético y tipológico de gran importancia. La cita en el v. 37 corresponde a Zacarías 12:10, lo cual indica que Dios mismo fue traspasado al mismo tiempo que lo fue su representante, “pastor” y “compañero” divino (Zac. 13:7; cp. Zac. 11:4, 8, 9, 15–17). La angustia y la contrición de los judíos en el pasaje de Zacarías al ver herido al pastor de Dios, es una tipología profética del tiempo correspondiente a la venida del Hijo de Dios, el Mesías quien al regresar causará el lamento más profundo de Israel por haber rechazado y matado a su Rey (cp. Ap. 1:7).
19:38 José de Arimatea. Este hombre aparece en los cuatro Evangelios y solo en relación con la sepultura de Jesús. Los sinópticos relatan que era un miembro del sanedrín (Mt. 27:57), era rico (Mt. 27:57), y esperaba el reino de Dios (Lc. 23:51). Juan trató en términos negativos la idea de ser discípulo de Jesús en secreto (vea 12:42, 43) pero en vista de que José arriesgó en público su reputación y hasta su vida al pedir el cuerpo de Jesús, Juan lo presentó con un tono más positivo.
19:39 Nicodemo. Vea las notas sobre 3:1–10. como cien libras. Esta cifra se deriva de una noción imprecisa del término empleado en el texto original, porque la mezcla aludida pesaba alrededor de 30 kilogramos. La mirra era una resina muy fragante y pegajosa que los judíos pulverizaban y mezclaban con áloe, un polvo derivado del sándalo aromático. Los judíos no embalsamaban, sino que realizaban este proceso para contrarrestar la fetidez de la putrefacción (vea la nota sobre 11:39).
19:40 lienzos… especias. Lo más probable es que las especias fueran colocadas a todo lo largo de los lienzos que envolvieron por completo el cuerpo de Jesús. También se esparcieron especias debajo del cuerpo y alrededor. La resina viscosa hacía que los lienzos se adhirieran al cuerpo.
19:41, 42 huerto… sepulcro nuevo. Juan es el único que alude a la cercanía del huerto al lugar donde Jesús fue crucificado. Como ya era casi el día de reposo, en el que todo trabajo debía cesar a partir del crepúsculo (alrededor de las seis de la tarde), fue conveniente que la tumba quedara cerca. Juan no menciona que José de Arimatea rodó una piedra que tapó por completo la abertura de la tumba o que María Magdalena y María la madre de José vieran todo el proceso (Mt. 27:58–61). Sobre el registro de tiempo correspondiente a la muerte y la sepultura del Señor, vea las notas sobre Mateo 27:45, 57–61.

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