John 10 - Biblia de Estudio MacArthur
10:1 redil. Jesús utilizó en los vv. 1–30 una conocida metáfora basada en el pastoreo de ovejas del siglo I. Las ovejas se resguardaban en un redil que tenía una puerta por la cual las mismas entraban y salían. El pastor contrataba a un “portero” (v. 3) o “asalariado” (v. 12) como subalterno para cuidar la puerta. El pastor entraba por ella. El que procurara robar o herir a las ovejas debía buscar el ingreso por otra parte. Lo más probable es que Jesús empleara las palabras de Ezequiel 34 como trasfondo para su enseñanza, ya que Dios condenó a los falsos pastores de Israel (i. e. la nación). Los Evangelios mismos abundan en lenguaje figurado acerca de las ovejas y los pastores (vea Mt. 9:36; Mr. 6:34; 14:27; Lc. 15:1–7).
10:1–39 La predicación de Jesús acerca de Él mismo como el “Buen Pastor” viene del capítulo 9 porque todavía se dirige a las mismas personas. El problema del capítulo 9 era que Israel fue guiado por falsos pastores que los desviaron del verdadero conocimiento y del reinado del Mesías (9:39–41). En el capítulo 10, Jesús se declaró como “el Buen Pastor” nombrado por su Padre como Salvador y Rey, a diferencia de los falsos pastores de Israel que se designaron y se justificaron a sí mismos (Sal. 23:1; Is. 40:11; Jer. 3:15; cp. Is. 56:9–12; Jer. 23:1–4; 25:32–38; Ez. 34:1–31; Zac. 11:16).
10:3 el portero. El portero era un ayudante contratado que reconocía al verdadero pastor del rebaño, le abría la puerta y lo ayudaba en el cuidado del mismo, en especial durante la guardia de la noche. las ovejas oyen su voz. Los pastores del cercano oriente permanecían en diferentes lugares fuera del redil y emitían ciertos sonidos especiales que sus ovejas reconocían. Como resultado, las ovejas se reunían alrededor del pastor. a sus ovejas llama por nombre. Este pastor hace algo aún más especial al llamar a cada oveja por su nombre. Jesús quería explicar que Él vino al rebaño de Israel y llama a sus propias ovejas de manera personal para que entren en su rebaño mesiánico. Aquí se entiende que ya son de algún modo sus ovejas, hasta antes de que Él las llame por su nombre (vea los vv. 25–27; 6:37, 39, 44, 64, 65; 17:6, 9, 24; 18:9).
10:4, 5 A diferencia de los pastores de occidente que conducen a las ovejas poniéndose al lado o detrás y por regla general valiéndose de perros ovejeros, los pastores del Cercano Oriente van delante de sus rebaños y los dirigen llamándolos con su voz para avanzar. Esto traza una notable ilustración de la relación entre el maestro y el discípulo. El liderazgo espiritual del NT siempre se ejerce mediante el ejemplo, es decir, un llamado a imitar la conducta (cp. 1 Ti. 4:12; 1 P. 5:1–3).
10:6 alegoría. Una mejor traducción para esta palabra es “ilustración” o “figura idiomática” y comunica la idea de que esconde algo enigmático o misterioso. También se encuentra en 16:25, 29, pero no en los sinópticos. Tras haber presentado la ilustración (vv. 1–5) Jesús destacó su verdad espiritual.
10:7–10 Yo soy la puerta. Esta es la tercera declaración de “Yo soy” hecha por Jesús (vea 6:35; 8:12). En este caso Él cambia la metáfora en detalles mínimos. Mientras que en los vv. 1–5 Él era el pastor, aquí es la puerta. Mientras que en los vv. 1–5 el pastor conducía a las ovejas fuera del redil, aquí Él es la puerta de entrada al redil (v. 9) que las guía a buenos pastos. Este pasaje evoca las palabras de Jesús en 14:6 al afirmar que Él es el único camino al Padre. Con esto, Jesús afirma que Él es el único medio de acercarse al Padre y de disfrutar la salvación prometida por Él. Como algunos pastores del cercano oriente solían dormir a la entrada del redil para cuidar el rebaño, Jesús aquí se describe a sí mismo como la puerta.
10:9, 10 Estos dos versículos sirven como proverbio para recalcar que la fe en Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios es el único camino para ser “salvo” del pecado y del infierno, y para recibir la vida eterna. Solo Jesucristo es la verdadera fuente de conocimiento de Dios y la única base para obtener seguridad espiritual.
10:11 su vida da por las ovejas. Esta es una referencia a la muerte de Jesús en la cruz en la cual tomó el lugar de los pecadores. Cp. el v. 15; 6:51; 11:50, 51; 17:19; 18:14.
10:11–18 Jesús tomó otra expresión de los vv. 1–5, es decir, Él es el “Buen Pastor”, muy diferente al malvado liderazgo actual que está al frente de Israel (9:40, 41). Constituye la cuarta de las siete declaraciones de “Yo soy” de Jesús (vea los vv. 7, 9; 6:35; 8:12). La palabra “bueno” sugiere el concepto de “noble” y difiere del “asalariado” que solo vela por sus propios intereses.
10:12 ve venir al lobo… y huye. El asalariado (o mercenario) representa a los líderes religiosos que cumplen con su deber en tiempos de paz pero nunca se sacrifican por las ovejas en momentos de peligro. Por el contrario, Jesús dio su vida por sus ovejas (vea 15:13).
10:16 que no son de este redil. Se refiere a los gentiles que escucharán su voz y llegarán a formar parte de la Iglesia (cp. Ro. 1:16). Jesús no solo murió por los judíos (vea las notas sobre los vv. 1–3), sino también por los gentiles a quienes uniría en un solo cuerpo, la Iglesia (vea las notas sobre 11:51, 52; cp. Ef. 2:11–22).
10:17, 18 volverla a tomar. Jesús repitió dos veces esta frase en los dos versículos para señalar que su muerte en sacrificio no era el fin. Él resucitó como evidencia de su deidad y de que era el Mesías (Ro. 1:4). Su muerte y resurrección trajeron como resultado su glorificación (12:23; 17:5) y el derramamiento del Espíritu Santo (7:37–39; cp. Hch. 2:16–39).
10:19–21 Los judíos reaccionaban de nuevo de formas diversas a las palabras de Jesús (vea 7:12, 13). Mientras algunos lo acusaban de estar poseído por demonios (vea 7:20; 8:48; cp. Mt. 12:22–32), otros inferían que sus obras y sus palabras demostraban la obra de Dios a través de Él.
10:22 fiesta de la dedicación. La celebración judía de hanukáh que conmemora la victoria de los israelitas sobre el líder sirio Antioco IV Epífanes, quien persiguió a Israel. En 170 d.C. conquistó a Jerusalén y profanó el templo judío al erigir un altar pagano en el lugar del altar de Dios. Bajo el liderazgo de un sacerdote anciano llamado Matatías (de la familia de los asmoneos), los judíos pelearon una guerra de guerrillas contra Siria (conocida como la insurrección macabea, que tuvo lugar en 166–142 a.C.) y que logró la libertad de la dominación siria y la recuperación del templo hasta el 63 a.C., tiempo en el cual Roma (Pompeya) tomó el control de Palestina. Los judíos habían liberado y consagrado de nuevo el templo en 164 a.C., el día 25 de Quislev (alrededor de diciembre). La celebración también se conoce como la “fiesta de las luces” porque se encienden lámparas y velas en las casas judías para conmemorar el acontecimiento. Era invierno. Con esta frase Juan sugiere que el frío del invierno impulsó a Jesús a resguardarse en el pórtico de Salomón al lado E del templo, que después de la resurrección se convirtió en el lugar de reunión de los cristianos para proclamar el evangelio (vea Hch. 3:11; 5:12).
10:24 dínoslo abiertamente. A la luz del contexto de los vv. 31–39, los judíos no buscaban en realidad aclarar y entender quién era Jesús, sino más bien hacerlo declarar en público que era el Mesías a fin de justificar sus agresiones contra Él.
10:26, 27 Esto indica con claridad que Dios había escogido a sus ovejas y que estas, por su parte, creyeron y lo siguieron (vea las notas sobre los vv. 3, 16; cp. 6:37–40, 44, 65).
10:28, 29 La seguridad de las ovejas de Jesús se fundamenta en Él como el Buen Pastor que tiene poder para protegerlas. Los ladrones, los salteadores (vv. 1, 8) o los lobos (v. 12) no pueden hacerles daño. El v. 29 ofrece la clara lección de que solo el Padre está al frente de la seguridad de sus ovejas, porque nadie puede arrebatar algo de las manos, y Él tiene el control sobre todas las cosas (Col. 3:3). Vea las notas sobre Romanos 8:31–39. No existe otro pasaje en el AT o en el NT que afirme con tanta fuerza la seguridad absoluta y eterna que goza cada cristiano verdadero.
10:30 Yo y el Padre uno somos. Tanto el Padre como el Hijo están comprometidos a proteger y preservar por completo a las ovejas. La frase, que revela su acción y propósito conjuntos para la seguridad del rebaño, supone la unidad en cuanto a su naturaleza y a su esencia (vea 5:17–23; 17:22).
10:31 Esta es la tercera vez que Juan registra las intenciones de los judíos de apedrear a Jesús (vea 5:18; 8:59). La aseveración de Jesús de que Él era uno con el Padre ratifica su declaración de deidad y encendía en los judíos el deseo de asesinarlo (v. 33). Aunque el AT permitía la lapidación en ciertos casos (p. ej. Lv. 24:16), los romanos solo ejecutaban penas de muerte en sus propios ciudadanos (18:31). Sin embargo, los judíos descontrolados intentaron lanzar su propio ataque en vez de ceñirse a los procedimientos legales (vea Hch. 7:54–60).
10:33 te haces Dios. Los judíos no tenían duda alguna de que Jesús declaraba ser Dios (cp. 5:18).
10:34–36 Citado del Salmo 82:6, pasaje en el cual Dios llama “dioses” a ciertos jueces injustos y anuncia la calamidad que les sobrevendrá. Lo que Jesús explica es que este salmo prueba la legitimidad del empleo de la palabra “dios” para referirse a otras personas aparte de Dios mismo. Arguye que si hay personas a quienes Dios denomina “dioses” o “hijos del Altísimo”, no hay razón alguna de parte de los judíos para desaprobar la declaración de Jesús de que Él es “el Hijo de Dios” (v. 36).
10:35 la Escritura no puede ser quebrantada. Una afirmación de la fidelidad y autoridad absolutas de las Escrituras (vea las notas sobre Mt. 5:17–19).
10:38 creed a las obras. Jesús no esperaba que le creyeran solo por sus declaraciones. Puesto que Él hacía las mismas obras del Padre (vea las notas sobre 5:19) sus enemigos podrían someterlas a examen en el momento de juzgarlo. No obstante, se deduce que su ignorancia de Dios era tal, que eran incapaces de reconocer las obras del Padre o aquel a quien el Padre había enviado (vea también 14:10, 11).
10:40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán. Debido a la animosidad creciente (vea el v. 39), Jesús partió de la región de Judea a la región poco poblada del otro lado del Jordán. al lugar donde primero había estado bautizando Juan. Cp. Mt. 3:1–6; Mr. 1:2–6; Lc. 3:3–6. Es posible que se tratara de Perea o Batanea, la región general de la tetrarquía de Filipo ubicada en el E y NE del Mar de Galilea. Este hecho resulta paradójico, pues la primera región en la cual Juan ejerció su ministerio fue la última que visitó Jesús antes de ir a Jerusalén para ser crucificado. El pueblo recordó el testimonio de Juan acerca de Cristo y consolidó su fe en Él (vv. 41, 42).
