John 14 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir
14:1-3 Las palabras de Jesús muestran que el camino a la vida eterna, aunque invisible, es seguro porque él lo ha preparado. Quizás lo único que falta por resolver es su decisión de creer en él.
14:2-3 Estos versículos están llenos de promesas. Como seguidores de Jesús, podemos estar seguros de que recibiremos la vida eterna porque él la ha prometido a todos los que creen en él. Aunque no conocemos los detalles acerca de la eternidad, no debemos temer porque Jesús está haciendo los preparativos para nuestra llegada y él siempre estará con nosotros.
14:5-6 Este es uno de los pasajes fundamentales e importantes en las Escrituras. ¿Cómo podemos llegar a Dios? Únicamente por medio de Jesús. Él es el camino porque es Dios y es humano. Cuando unimos nuestra vida con la suya, nos unimos con Dios. Confíe en que Jesús lo llevará al Padre y que recibirá todos los beneficios de ser un hijo de Dios.
14:6 Jesús dice que él es el único camino a Dios el Padre. Algunas personas argumentan que este camino es demasiado angosto. En realidad, es lo suficientemente amplio para todo el mundo, si el mundo decidiera tomarlo. En vez de preocuparnos acerca de lo limitado que parece tener solamente un camino, deberíamos darle gracias a Dios por proveer un camino garantizado para llegar a él.
14:6 Jesús es el camino al Padre; es la verdad, o sea, la encarnación de las promesas de Dios; y es la vida al unir su vida divina a la nuestra, ahora y por la eternidad. Jesús es el camino que lleva a la verdad y a la vida.
14:9 Jesús es la imagen visible y tangible del Dios invisible. Es la revelación completa de cómo es Dios. Jesús le explicó a Felipe, quien deseaba ver al Padre, que conocerlo a él es conocer a Dios. La búsqueda de Dios, de la verdad y de la realidad, termina en Cristo. (Vea también Colosenses 1:15; Hebreos 1:1-4).
14:12-13 Jesús prometió que todo el que creyera en él haría grandes milagros y recibiría respuesta a sus oraciones. Esto sería posible porque él enviaría el Espíritu Santo. Hay dos partes a las obras «aún mayores» que harían sus seguidores: habría más creyentes y habría una mayor variedad de creyentes. Después de su resurrección, por medio del poder del Espíritu Santo, sus discípulos llevarían la Buena Noticia del reino de Dios a todo el mundo, incluyendo tanto a judíos como a gentiles.
14:14 Cuando Jesús dice que podemos pedir cualquier cosa, debemos recordar que nuestra petición debe ser en su nombre, es decir, de acuerdo con el carácter y la voluntad de Dios. Él no concederá peticiones contrarias a su naturaleza o voluntad; su nombre no es una fórmula mágica para satisfacer nuestros deseos egoístas. Si seguimos a Dios con sinceridad y procuramos hacer su voluntad, nuestras peticiones estarán en línea con lo que él desea y entonces él las concederá (ver también 15:16; 16:23).
14:15-16 Jesús pronto dejaría a sus discípulos, pero seguiría con ellos. ¿Cómo sería posible? El Abogado Defensor, el Espíritu Santo, vendría después de la partida de Jesús para cuidar y guiar a los discípulos. Justo antes de que ascendiera al cielo, Jesús les dio el poder regenerador del Espíritu a sus discípulos (20:22) y poco tiempo después de su ascensión, en Pentecostés, el Espíritu fue derramado sobre todos los creyentes (Hechos 2); él es la presencia de Dios en ellos. El Espíritu Santo nos ayuda a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y a edificar la iglesia de Cristo.
14:16 La palabra que se traduce como «Abogado Defensor» combina las ideas de consuelo y consejo. La palabra también se podría traducir como «Consolador», «Alentador» o «Consejero». El Espíritu Santo es poderoso y está de nuestro lado; trabaja con nosotros y a nuestro favor.
14:16 ss. En estos pasajes aprendemos que el Espíritu Santo nunca nos dejará (14:16); que el mundo en general no puede recibirlo (14:17); que vive con nosotros y está en nosotros (14:17); que nos instruye (14:26); que nos recuerda las palabras de Jesús (14:26; 15:26); que convence al mundo de pecado, muestra la justicia de Dios y anuncia que Dios juzgará el mal (16:8); que nos guía a la verdad y nos revela eventos futuros (16:13); y que glorifica a Cristo (16:14). El Espíritu Santo ha trabajado entre las personas desde el principio, pero después de Pentecostés (Hechos 2) vive en todos los creyentes y les da una perspectiva de la vida totalmente nueva.
14:18-19 Jesús no mentía cuando dijo: «Vendré a ustedes». Los discípulos de Jesús y muchos de sus seguidores lo vieron después de que resucitó (ver 20:20, 26; 21:1, 14). La realidad de la resurrección es la fundación de nuestra esperanza de vida eterna. Aunque Jesús ascendería al cielo, enviaría al Espíritu Santo para que viviera en los creyentes. Tener al Espíritu Santo es tener a Jesús.
14:21 Amar implica compromiso y acción. Quienes amamos a Jesús demostramos nuestro amor siendo obedientes a lo que nos dice en su Palabra.
14:22-23 Debido a que los discípulos seguían esperando que Jesús estableciera un reino terrenal, les resultaba difícil entender por qué no le anunciaba al mundo que era el Mesías. Jesús les explicó que esa revelación no era parte del plan, al menos por el momento. No todos aceptarían su mensaje; un mundo endurecido e incrédulo no le creería ni a alguien que se levantara de los muertos (Lucas 16:31). La Buena Noticia del reino ha sido proclamada por todo el mundo desde Pentecostés, pero aun así no todos la aceptan. Jesús reserva las revelaciones más íntimas acerca de sí mismo para quienes lo aman y obedecen.
14:26 Jesús les dijo a los discípulos que el Espíritu Santo les recordaría lo que él les había enseñado. Esta promesa asegura la validez del Nuevo Testamento. Los discípulos fueron testigos oculares de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo les recordó lo que habían experimentado, sin eliminar sus perspectivas individuales. Podemos confiar que los Evangelios son registros precisos de la vida de Jesús (ver 1 Corintios 2:10-14), y podemos establecer firmes en nosotros sus palabras por medio de la lectura, el estudio y la memorización. Entonces el Espíritu Santo nos las recordará y nos mostrará cómo aplicarlas a lo largo de la vida.
14:27 El efecto final del Espíritu Santo en nuestra vida es una paz profunda y duradera. A diferencia de la paz del mundo, que suele ser la ausencia de conflicto, esta paz es confianza y seguridad bajo cualquier circunstancia. Con la paz de Cristo no tenemos por qué temerle al presente ni al futuro. El pecado, el temor, la incertidumbre, la duda y otras fuerzas están en guerra dentro de nosotros. La paz de Dios que penetra nuestro corazón y nuestra vida supera estas fuerzas hostiles y nos llena de consuelo. Jesús nos ofrece su paz y nos la dará si decidimos aceptarla. Si su vida está llena de tensión, permita que el Espíritu Santo lo llene de la paz de Cristo. (Para más enseñanzas acerca de la paz de Dios, vea Filipenses 4:6-7).
14:28 Jesús es Dios el Hijo y se somete voluntariamente a Dios el Padre. En su ministerio terrenal, Jesús también se sometió a las limitaciones físicas de su humanidad (Filipenses 2:6).
14:30-31 Los acontecimientos que estaban sucediendo en Jerusalén y que llevarían a Jesús a la cruz no eran controlados por «el que gobierna este mundo», o sea, Satanás. La cruz no sería una sorpresa ni Jesús sería una víctima indefensa; él estaba siendo obediente al plan de Dios.
14:31 Es posible que Jesús haya declamado el contenido de los capítulos 15–17 en camino al huerto de Getsemaní, ya que aquí les dice a sus discípulos: «Vamos, salgamos de aquí». Otra posibilidad es que Jesús les estaba diciendo a los discípulos que se prepararan para irse, pero no se fueron recién el 18:1.
